11 de julio de 2016

Berlín

En Berlín les gusta Rocky Horror's Picture Show. Chiste (horrendo) incomprensible para los alemanes (se lo tuve que explicar a una amiga), pues Frankfurter se pronuncia tal cual se lee, muy alejado del Frank de Rocky.

Berlín es una ciudad en obras. Con la mitad de los monumentos tapados por lonas, grúas por todas partes, pitidos de camiones en marcha atrás, la camiseta que casi me compré (me echó atrás que era de algodón ecológico, de comercio justo y bioorgánica, además de supervitaminizada e hipermineralizada, por lo que costaba un ojo de la cara; si la hubiera visto el primer día en vez del último probablemente la habría pillado) representaba el recuerdo más típico (Lillu le hizo una foto): la torre de televisión de Alexanderplatz rodeada de grúas. Cuando les llegue la burbuja inmobiliaria se van a cagar (oigo vientos de tormenta sobre el Deutsche Bank...).

Berlín es una ciudad verde. Llena de parques y jardines que son tomados por hordas bárbaras (o alemanes) en cuanto hay dos rayos de sol. Se tumban, se sientan, leen, charlan en grupo, cierran los ojos y dormitan, Fuman cosas buenas, beben cerveza.

Berlín es cerveza. En dosis de medio litro, de muy diversos sabores y colores, en las plazas con los amigos, en la calle mientras se camina, en las terrazas de todos los bares, en la puerta de los 24 horas, en los cercanías y tranvías, ¡en todas partes!

Berlín es amanecer en julio antes de las 5, lo que gracias a esa simpática costumbre de no tener persianas ni cortinas oscuras hace que te dé el sol en la cara a las 5:30, así aprovechas el día. Para compensar también es anochecer cerca de las 22:00.

Berlín son bicicletas. Por todas partes, a todas horas. Tantas que hay que tener más cuidado con las bicicletas que con los coches, más aún en el centro donde más de la mitad las llevan turistas. Es tener que ir con cuatro ojos para evitar ser atropellado, aunque estés en una acera viendo una fachada. Es ver como la tiranía del coche se ha convertido en la tiranía del ciclista. ¿¡Y los peatones, es que nadie piensa en los peatones!?

Berlín es joven, es ver poca gente mayor por las calles (por lo que me dicen tiene su explicación; al vivir todos de alquiler, en cuanto se jubilan se van de la ciudad a las afueras), es estar rodeado de gente menor o igual a ti, ver todas las pintas que puedas imaginar.

Berlín es underground, son graffitis, actividades culturales en sitios inimaginables, capas de un metro de ancho de pósters en las paredes.

Berlín es la guerra mundial y la fría, es multicultural, es comer en grandes cantidades, es transporte público eficiente, es subterránea, es el este frente al oeste, el muro, los turistas, el calor y el frío y la lluvia, es entenderte con (casi) todo el mundo en inglés, es hospitalidad (canaria sobre todo, pero también alemana), es todo esto y mucho más que me dejo en el tintero.

Berlín mola, a Berlín hay que volver. Al menos en verano.

Unas pocas fotos.

 Poco más que esto queda del muro.

 Recuerdos del comunismo.

 Otro tipo de recuerdos del comunismo. O balazos en el museo.

 Hay tan pocas obras en el Museo Nuevo que no hayan sido robadas por los rusos que han tenido que desenterrar otros restos arqueológicos.

 Cerveza junto al Spree.

 Y este tanque, hijo mío, fue uno de los (se supone) primeros soviéticos que entraron en Berlín.

 ¡Los berlineses me han dedicado una calle!

 Una exposición/montaje en el Museo Judío que, aunque no lo parezca, da muy mal rollito. Por un lado el ruido que se produce y por otro que tengas que seleccionar la cara que pisas para no perder el equilibrio dejan un poco de mal cuerpo.

 Están locos estos berlineses.

Lluvia en la buhardilla.

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