24 de octubre de 2015

De museos por la Isla.

Aprovechando que el Barranco de Santos pasa por Santa Cruz decidimos echar la tarde del viernes en uno de los pocos museos capitalinos, el Museo de la Naturaleza y el Hombre, al que le debía una visita desde hace unos millones de años y le debíamos otra desde hace el par de ellos. Unos millones de años porque uno es un señor viejuno y la última vez que lo visitó, como 30 años ha, ni siquiera existía.

Este museo nació de la unión de dos ya existentes, por un lado el Museo Arqueológico, y por otro el de Ciencias Naturales (creo recordar que era el nombre). Ambos quedaban a tiro de piedra de mi casa y los visitaba muy frecuentemente; ambos me fascinaban y probablemente gran parte de lo que soy y estudié se debe a ellos.

De los dos el que más me atraía era el Museo Arqueológico. Situado en el entresuelo del edificio del Cabildo recuerdo que tenía una (para mí) inmensa colección de restos de guanches, incluidas varias momias muy bien conservadas, además de bastante cerámica. Cada vez que podía (y tenía el par de duros o así que costaba la entrada, creo recordar) me escapaba a analizarlas fijamente.

Del de Ciencias Naturales también recuerdo que tenía una colección muy muy grande de bichos varios, en la que te podías pasar horas.

Triste decepción. Ciñéndonos de entrada a ambas colecciones debo decir que me parecieron muy pobres. A ver, no me extrañaría que se debiera a la conjunción de dos efectos, el efecto edad, por un lado, y el efecto, definido por Lillu, British Museum, por otro.

En lo que al primero respecta, teniendo en cuenta que han pasado más de 30 años desde que visité el arqueológico y que éste tenía apenas un par de salas en las que todo estaba apretado y casi al alcance de la mano, y que además uno era mucho más pequeño y menos viajado, es probable que la colección sea exactamente la misma, pero al estar extendida en dos plantas se te hace pequeña.

El efecto British es aquel que se produce cuando tras haber visto absolutamente todas las joyas que el museo inglés conserva, a partir de entonces todos los museos se te hacen pequeños. Incluso el Arqueológico Nacional se nos hizo pobre en comparación. Lo mismo se puede aplicar a la parte de la naturaleza, aunque juraría que lo que ahora son modelos antes eran bichos bichos.

Por otro lado y en lo que respecta al Museo en sí tengo varios peros/quejas/algos.

En primer lugar la distribución me parece por un lado confusa y por el otro muy desaprovechada. Porque vamos a ver, si tienes dos partes claramente diferenciadas, por un lado la arqueología y por otro la naturaleza, y tienes dos plantas, ¿no crees más lógico poner una exposición en cada planta? Así ves cada cosa de corrido, sin interrumpir la continuidad. Nosotros lo que hicimos fue empezar por el arqueológico de la 1ª planta, subir a la 2ª para terminarlo y hacer el recorrido inverso con las ciencias naturales, pero vería mucho mejor que estuvieran agrupados.

Además, hay bastante desperdicio de espacio, con pasillos largos y anchos completamente vacíos.

Por otro lado no me parece normal que en una ciudad capital de  provincia eminentemente turística, receptora de cruceros y que se le llena la boca con los cientos de miles de turistas que la visitan, todos los paneles explicativos, y hay muchos, más que piezas, estén únicamente en castellano. Sí, vale, hay audioguías, pero creo que deberían estar al menos también en inglés.

Ya por último y a modo de anécdota, fuimos a verlo el viernes porque viernes y sábados por la tarde la entrada es gratuita (y uno continúa instalado en la precariedad). Curiosamente, en el resto de los museos del Cabildo el domingo es el día de entrar gratis. De hecho, fuimos a hacer esta visita un domingo de hace unos meses, que aprovechamos para visitar una exposición de la peste en Canarias. Anonadados nos quedamos (al menos yo) cuando nos dijeron que en ese museo el domingo no se entraba gratis porque el Rastro se celebra al lado y ¡entraba demasiada gente! y mucha de ella no sabía comportarse.

No sé, sólo soy un triste (y pobre) doctor en biología parado pero si me preguntas diría que en cualquier país civilizado esta situación la aprovecharían para proyectar mejor los contenidos del Museo. Contratar a más gente aunque sea de modo temporal, hacer actividades para todas las edades, visitas guiadas, animación cultural, intentar que ya que la masa del pueblo pasa por al lado se animen a entrar y a descubrir lo que hay dentro, potenciar su imaginación y sus ganas de saber más.

Lo que no haría es cobrar porque si no entran, creo yo. Más que en las iglesias es en los museos en los que habría que decir "dejad que los niños se acerquen a mí".

En fin, que una experiencia agridulce. Pero probablemente por mi culpa pues la última vez que fui aún tenía ojos de niño, los mejores para disfrutar de estos sitios.

Buen fin de semana y mejor semana aún. O algo.







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