31 de diciembre de 2014

Una semana en Galicia

2 Kg más de peso. ¿Existe la expresión comer como un gallego?, porque si no habría que inventarla. Comida, comida, comida y más comida. Hasta el caldito es denso y no se ve el fondo de la taza. Y de beber ni hablamos. Pero oiga, sin quejas al respecto al menos por mi parte; bueno, el endocrino a lo mejor se quejaría pero como no lo veré hasta dentro del par de meses no hay problema.

 La tradicional foto de la panzada de navajas. Comer nos comimos cuatro platos como éste, un 75% de las mismas sólo por mí. Hay testigos.

Frío pero lo justo. Porque en la calle con algo de abrigo, sin excesos, se pasa bien. Y en las casas, con ese invento de la calefacción central (¿es reciente, no?, porque si aquí no ha llegado...; es mi cansina queja, paso más frío aquí con 10ºC más cuando estoy en casa porque ésta no está preparada. Y eso que la mía es relativamente nueva, ains, país). Apenas llovió, pensé que me vendría sin poder pasear por el casco viejo de Santiago bajo la lluvia. Afortunadamente el último día sí lo hizo y sí que pudimos pasear. Porque no es lo mismo andar por esa ciudad sin ver el agua resbalar por las paredes, créame usted.

El agua caía y resbalaba por el árbol. Yo qué sé, algo tenía que hacer mientras salía a fumar del restaurante.

Y por lo demás pues lo normal de estas mierda de entrañables fiestas: algún regalo, hacer vida político-familiar con todas sus consecuencias, pasear mucho, conocer gente y ver gente ya conocida, comer y beber como si no hubiera mañana y disfrutar de una semana que entre otras cosas te hace recordar que como en la casa de uno no se está en ningún lado. Vamos, en general bastante bien.

Y de nuevo el único propósito de año nuevo que me planteo es seguir respirando y resistiendo. A ver que nuevas tormentas nos vienen este año que empieza. En fin, no voy a ser pesimista, no lo soy, me considero realista, pero me daría con un canto en los dientes porque el 2015 no fuera peor que el 14. Aunque lo dudo.

Venga, bueno, vale, ¡feliz año! Y beban, dróguense y follen esta noche como si no hubiera mañana. Que no lo habrá, el 1 de enero no existe, es un mito. Seguro. Yo nunca lo he visto o no conservo memoria de ello.
Share/Save/Bookmark