18 de agosto de 2014

Londres, día 7 (editado)

Cada vez va quedando menos así que tenemos que ir apurando los días. Atendiendo a consejos varios decidimos coger el London Pass sólo por un día, hoy, así que había que aprovecharlo.
Empezamos temprano visitando la Abadía de Westminster. Además de las gemelas francesas-italianas-polacas (me dice Lillu que podían ser) es una visita que merece totalmente la pena, muy recomendable.

Abadía de Westminster.

A continuación y aprovechando que está casi al lado entramos en las Habitaciones de la Guerra de Churchill, el bunker restaurado en parte y en otra rehabilitado y reconstruido, donde el Primer Ministro dirigió las fuerzas británicas durante gran parte de la II Guerra Mundial. De nuevo no puedo sino recomendarles la entrada, absolutamente enganchante. Además cuenta con el Museo de Churchill que hace un recorrido por toda su vida y está lleno de pertenencias suyas. No dejen de ir.

Gabinete de guerra de Churchill. Por lo que dicen al finalizar la IIGM echaron el cierre y ahí se quedó.

Sala de reuniones y estrategia o algo así que mi cabeza no da pa' más.

Metro, perrito caliente rápido en un jardín y directos al que ha sido el mayor bluff, la mayor estafa del viaje: la Torre de Londres. Como pasamos con el pase dolió menos aunque costara, pero si hubieran salido directamente del bolsillo las 22 £ que cuesta sí me habría cabreado mucho más. Una trampa para turistas. Mi consejo es que no vayas y ya si eso disfruta de las murallas desde fuera.

La Torre Blanca en la Torre de Londres. Tiene armaduras. Si lo sé no voy.

Como aún nos quedaba tiempo cruzamos el Tower Bridge bajo la lluvia y fuimos a ver el Old Operating Theatre, un antiguo quirófano de principios del XIX situado en los altos de una iglesia y en el que se impartían clases de cirugía. Cuenta también con un pequeño museo que muestra los remedios e instrumental de la época. Curioso e interesante.

La exposición.

El "quirófano".

Y ya por último hicimos un pequeño crucero por el Támesis que creemos también merece la pena. De hecho estamos pensando en repetirlo mañana pues el billete es de 24 horas, pero en el trayecto más largo. A ver el tiempo (ambos, que todos los días ha llovido algo, a veces chaparrones fuertes) y las colas.

El Puente de la Torre desde el centro del Támesis y con el sol dándole de pleno. Moló.

Final del crucero, la llegada a Westminster.

Y nada más. De vuelta al hotel, cansados pero menos que otros días y planificando el mañana.

Y sigo pensando que este hotel se mueve. Será el metro, o la madera, o mi desequilibrio innato.
Hasta mañana si eso.

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