11 de septiembre de 2013

Échese un mate*

Ayer fue una mañana de las largas, de las que se eternizan. Estaba particularmente cansado, había dormido francamente poco (4 horas o así) y me había levantado exageradamente temprano, pero mucho, los puñeteros estudiantes han vuelto a la universidad por lo que dado que en medicina, donde tenía reunión, todos parecen tener coche hay que llegar pronto si quieres aparcar; en resumen, estaba en mi laboratorio de vuelta a las 11 y de lo arrastrado que estaba parecía que ya eran las 6, muerto pero muerto.

El café no era ayuda, ya llevaba "3" (la cafetera de tres tazas que me tomo en casa, otro antes de la reunión y otro después) y sí, estaba despierto, pero no. El té en mí produce menos efecto que el café así que de nada me valía. ¡Necesitaba algún estimulante pero pronto!

Afortunadamente mi jefe estuvo de vacaciones por un país andino y me trajo de regalo el par de bolsitas de un producto que ya había probado anteriormente, el mate de coca.

El sobrito que me queda de los dos, guardado para cuando haga falta.

Ésta es la típica cosa baratilla que los que viajan a algún país andino suelen traer de regalo. Hace unos años ya me trajeron un té similar (si no el mismo), así como caramelos de coca (sí, caramelos; por aquel entonces yo podía tomar dulce) y una bolsita de hojas. Bueno, no sólo a mí, también al resto del grupillo. Era algo curioso y simpático, tenían un detalle con la gente y además llamaba la atención.

Quizás porque en aquel entonces uno puede que quizás tal vez a lo mejor estuviera un poco más habituado al producto (eran días locos, o noches, o ambas cosas, no como ahora que soy un señor mayor con gato y, después de viejo, responsabilidad o algo suficientemente parecido), la verdad es que ni al té ni a los caramelos les encontré el más mínimo efecto. A las hojas mordisqueadas durante un tiempo largo un fisco la verdad es que sí, aunque no sé si era de verdad (al fin y al cabo faltaba la piedra de cal, creo que es, que ayuda a liberar el principio activo) o efecto placebo, pues estabas consumiendo algo supuestamente ilegal mientras te tomabas una copa en el bar de siempre.

Ahora que han pasado los años y corren tiempos más tranquilos (casi siempre) pues se ve que sí, que sí que hace efecto y de forma casi inmediata además. Con la taza aún mediada, mientras leía el par de artículos que tenía pendientes, empecé a sentirme más animado y menos cansado, hasta que el cansancio desapareció y retomé todas las labores que requerían actividad física. Obviamente no actuó de una forma tan brusca y potente como si fuera una dosis del principio activo puro (o mezclado con a saber qué), pero sí que actuó. Y sin bajona posterior ni nada por el estilo, pues la siesta que me eché al llegar a casa ya estaba prevista de antemano.

Así que la bolsa que me queda la guardo bajo llave para otro día que sea necesario, porque me da que esto por aquí no se vende, ¿no? Es triste y estúpido que por motivos puramente ideológicos y religiosos no nos permitan tomarnos lo que nos dé la gana, hostiayá.

En fin, que eso, que sigo vivo y tranquilito. Buena semana y tal, aunque ya está mediada, ¡bien!

(*) Mate del otro, del que se llama realmente mate, también hay en mi trabajo junto con toda la parafernalia para tomarlo, y también lo he probado. Una vez. Y vomité. Por favor, cosa más horrenda, no sé como puede gustarle a nadie, oiga.



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2 comentarios:

Sharli Fly Clown dijo...

Milagroso es el mate de coca, amigo Sancho Ye-yé.
No es por fardar, pero fardo, que estuve una vez en aquellas tierras andinas, a 3.300 metros sobre el nivel de los mares, y el mareo era tal, y el agotamiento peor, y el mal cuerpo horroroso, que cuando tomé el mate de coca sentí volver a la normalidad.
Y otro día de mi visita en aquellas tierras de indios, chaqché la hoja de coca y fue aún mejor.
No hay mejor reponedor a los males de las alturas...

Y el mate, a secas, también me gusta, che...

exseminarista ye-ye dijo...

Efectivamente, la hoja de por sí tiene aún más efecto.

Con lo que no puedo es con el mate en sí, la verdad, y es que uno es muy dulzón.

Salud y tal.