25 de mayo de 2013

Recuerdos de Tijuana

Hace demasiado tiempo ya, cuando estuve el año y pico de destierro científico en los EE.UU., en un lugar de la costa Oeste cuyo nombre no voy a mencionar para conservarlo en el economato, que diría Mapoto, y al que llamaremos Ciudad de la Costa Oeste por no dar muchos datos propios ni decir que su nombre es San Diego, aproveché que una amiga me hizo una visita turística-vacacional (la única persona que se dio el salto a verme, o a aprovechar mi casa para ver California, que viene a ser lo mismo y a mí me sirvió igual) para darme un salto a la Baja (California) durante un par de días, pues a pesar de llevar un tiempo allí aún no había podido bajar (trabajar y pobreza, es lo que tenía cobrar en pesetas cuando el dolar estuvo más fuerte en toda la historia; ¡y eso que en limpio venía a ser un cuarto de millón mensual o así, pero apenas daba! Ains, la de años que arrastré deudas), aunque ambas ciudades en algunos puntos estuvieran separadas sólo por la frontera.

Así que alquilamos un coche con seguro válido para México lindo, se nos unió uno de mis compañeros de piso, que a pesar de decirles roommate sólo comparten piso y no cuarto, y además no era un piso sino la típica casa americana, con su jardín delantero y el trasero y moqueta hasta en el baño, y eso viviendo al lado del desierto (San Diego, digo, Ciudad de la Costa Oeste es grande, mucho, aunque no tanto como LA) le ves poco la utilidad, pero oiga, los yankis son muy suyos y en todas las casas que visité había moqueta hasta en el baño. Cosa estúpida, sí, pero a mí que me cuentas. Pues eso, que el roommate se nos junto y ¡tiramos pa' la Baja!

Entrar en México es fácil, lo difícil es salir. Me explico, pasar la frontera hacia el sur no requiere absolutamente nada, sigues por la autopista, pasas por debajo de un arco y sin más formalidades ya estás allí. Nadie te para (que yo viera), nadie te pide documentación, ni siquiera tienes que hacer como que frenas (o al menos así era allá por el 2000). Volver al norte si que es otra historia: colas kilométricas y lentas, donde puedes aprovechar para comprar por ejemplo un último recuerdo, algo de comer, de beber, de lo que sea, pues hay (había) verdaderas tiendas en los bordes y multitud de vendedores ambulantes. Y luego un profundo interrogatorio por algún agente fronterizo gringo, examen al detalle de la documentación (visado de múltiples entradas, ¡eso es importante, que lo sepas!), registro del coche (pero por tu parte, "puedes abrir ese bolso, traen algo ilegal", etc...). Me resultó muy simpático que en primer lugar y mientras estuve sentado se dirigió a nosotros en inglés en todo momento; cuando salí a abrir el maletero pasó a un español perfecto para interrogarme a mí solo. Y mi cara de apuro tuvo que ser de aúpa, pues llevaba conduciendo desde hacía unas 5-6 horas y para ir más cómodo me había quitado los zapatos, así que ahí me ves a mí, descalzo, ignorando que había comprado el venezolano (mi roommate) cuando se había ido a su bola en Tijuana y encima con un  agujero claramente visible en un calcetín. Ains, desastrito que es uno.

Pero a lo que iba, que me disperso. Si no lo he contado ya, que lo dudo, en otro momento relataré como el roommate nos metió la primera noche en un "hotel" que daba miedo en pleno Tijuana, en el que todos los inquilinos eran aspirantes a inmigrantes ilegales en los USA (dormir dormimos poco, la verdad, entre el acojone y los ruidos; y que la tensión y el miedo despiertan otros apetitos, que también), o cuando nos siguió un coche durante hora y pico y de noche (o eso nos parecía, claro), pero puedo decir que en rasgos generales y saliendo de Tijuana todo fue genial, la gente muy amable (típico del par de pubs: "¿son españoles?, ¡de Euskadi!", no hombre, no, de Canarias, "¿y eso dónde está?" Lo de vascos nos lo dijeron varias veces, se ve que van mucho por allí), el paisaje espectacular, variado y  muy "mexicano", de los que vemos en miles de películas, y la comida fantástica.

Tijuana es otra cosa, es (o era) una mezcla de una especie de parque temático de alcohol, drogas, putas y farmacias para los turistas del reprimido Norte, con una gran población, mucha de ella viviendo por debajo del límite de la pobreza. Y una poca allí arriba, en lo alto (visitamos la que en aquel entonces era la discoteca más In de Tijuana con la excusa, pasaporte mediante, de "nos han comentado en España que éste es un sitio que no hay que dejar de ver", así que fueron todos sonrisas y entrada gratis; muy rococó para mi gusto aunque la vistas no estaban mal, se celebraba la graduación de una High School privada de las más pijas). No me gustó, obviamente, ni la disco ni Tijuana.

A lo que iba. Cuando te parabas en un semaforo de alguna avenida era inevitable ser asaltado por una multitud de mendigos, que acudían al reclamo de una matrícula de California (y que identificaban perfectamente tu acento como español no mexicano sino de España(coño), así que seguías siendo no nativo y casi gringo). Con deformaciones, llagas purulentas (de verdad de la buena), sin extremidades, vamos, de todos los tipos que ves en documentales por ahí o lees en novelas de la Edad Media. Era una imagen realmente impactante pero que no esperaba volver a ver.

Volviendo a estas desafortunadas Islas normalmente te encontrabas, como mucho, algún pibe que te quería limpiar los cristales o en las entradas a la ciudad a un señor con un cartel que cambia en función de la hora a la que entras, el señor, no el cartel que es claramente el mismo, lo que me hace estar casi seguro (junto con los rasgos y tal) que pertenecen a un grupo organizado y eso. Eso hasta ahora. Esta semana ya me he encontrado a alguno con claras deformaciones.

No sé, ¿es Tijuana nuestro destino? Visto lo visto, no me extrañaría, la verdad.

Hala, salud y a vivir, que son dos días. Yo lo hago o algo suficientemente parecido.
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4 comentarios:

Lillu dijo...

O sea que la canción "Welcome to Tijuana; tequila, sexo y marihuana" no puede ser más verídica, no?

No me llama nada visitar México, la verdad, aunque nunca se sabe dónde puede acabar una.

saluditos

exseminarista ye-ye dijo...

En principio sí, aunque claro, también era una ciudad grande y que tenía de todo. No sé, la comparación típica es si te vienes a Tenerife y sólo te fijas en las Verónicas de las Américas y Añaza, la visión que te llevas es un poco distorsionada, ¿no?

Lo poco que vi de la Baja California me encantó y sé de primera mano que su gente suele ser, como en la mayor parte del mundo, buena gente. Pero también sé que, sobre todo en los estados fronterizos, la cosa ha empeorado bastante en esta década y pico, así que tampoco tengo claro si volvería por allí.

Anyway, no descarto nada, oiga. Salud y eso.

alejandro dijo...

lo de euskadi tiene explicacion, un amigo que paso por ahi vio en un rastro de tijuana maravillosas colecciones de rock radical vasco, y en vinilo.
le contaron que alli era muy apreciado

exseminarista ye-ye dijo...

Pues mira, seguramente eso influye. Bueno y que vascos y gallegos te encuentras por todas partes :-)

¡Salud!