4 de mayo de 2013

Amarga decepción

Llevaba tiempo oyendo hablar de ti. Al conocer mi mutación la dependienta de la tienda ecológica donde compro el café me dijo "debes conocerla, es perfecta para ti, dulce y con otras muchas virtudes". I., indignado porque según él querían echarla de Europa, se comprometió a presentármela cuando volviera de la pérfida Tercera Isla en extensión y última en belleza y atractivos naturales (D. Pepito dixit).

No pude esperar tanto. Por lo que se ve aún no la han expulsado y me crucé con ella en un supermercado al que suelo ir. Sí, me la traje a casa.

No me gustó. Sí, es dulce, pero no tanto como decían. Y te deja un amargor que no me gusta lo más mínimo, que me resulta desagradable. Stevia, no eres para mí, me has decepcionado.

Y es que un edulcorante debe si no potenciar el sabor de lo que estás tomando al menos sólo endulzar, sin añadir nada más. Cuando era normal, dentro de lo normal que era, es decir, más bien poco o nada, el café lo acompañaba con azúcar morena de la de verdad, no de la teñida que te venden como azúcar morena; aportaba no sólo dulzor sino que además su sabor complementaba y potenciaba el del café. La stevia te deja un retrogusto amargo que no mola nada, así que ahí queda, relegada hasta saber qué usos le daré. Seguiré utilizando edulcorantes normales y corrientes, que no aportan nada pero entre los "nada" está el mal sabor.

Y mira que me duele el alma o dolería si existiera. Porque por lo que dicen tiene más propiedades que el aloe vera. Vamos, estaba por arrancar la planta de maría y sembrar una de estevia...

Vale, no, no cuela, ni jarto grifa, vamos.

Salud y eso.
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