23 de abril de 2013

Malditos egoístas e insolidarios, los mataría a todos. Aunque a veces los amo.

Aparcar, la batalla continua. Recorrer las calles en busca de un sitio donde dejar el coche, o el parking del curro, o cualquier otro lugar. Volver del trabajo con ganas de poner música, echarte la gata al pecho y dejarla ronronear durante media hora mientras sesteas y encontrarte que este momento se posterga durante mucho tiempo porque el puñetero barrio está lleno de egoístas, de cerdos insolidarios que dejan su coche en mitad de dos plazas porque ellos lo valen, porque les da igual, porque así no se lo rozan. Afortunadamente no tengo aún instalado el lanzallamas lateral ni las hojillas en las ruedas, afortunadamente para ellos. Aún.

Pero hay algunas veces en las que me resultan entrañables, queribles incluso. Normalmente me sucede cuando voy al curro (demasiado médico o aspirante a con coche pijo) y es cuando dejan un espacio que ellos consideran demasiado pequeño para aparcar nadie; o eso o lo que es más probable: los demás les dan igual. En esos días el parking está a reventar y sólo queda ese no sitio. Pero ¿sabes?, aunque soy más largo que la esperanza de un pobre tengo un coche pequeñito (no tanto como un Smart pero sí pequeño); me gustan los coches pequeños, no soporto los grandes y, normalmente, tampoco a quién los tiene por mostrar carencias.

Pues bien, en los días en los que sucede el sitio es suficientemente grande para que entre el coche justo justo. Vamos, dándole alante y atrás (no me importa lo más mínimo, la dirección asistida se inventó para algo) y al golpito con los otros dos insolidarios (cuando esto sucede es porque dos se han coordinado; en el caso claro de que sólo haya sido uno, se procura no tocar al inocente, pero normalmente ambos tienen como metro y pico de distancia al siguiente coche). Sí, al golpito; a mí no me molesta lo más mínimo, es sólo un coche y los parachoques están para algo, y sé que a los que lo dejaron así sí, que les joderá encontrar marquitas de otro color cuando eso era lo que intentaban evitar.

Son días de doble satisfacción, la verdad. Esos días que me hacen sonreír aunque sean las 8 y media de la mañana. Días como hoy amo a estos egoístas por alegrarme la mañana*. Y porque si no hubiera sido por ellos no habría podido aparcar, claro.

Y hoy de triple satisfacción mañanera, ¡mira lo que me han regalado! Estoy de un contento...


Hala, buena semana y eso.

(*) Sí, soy muy fan de Harry el Sucio.
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2 comentarios:

Lillu dijo...

Porque tienes buen aparcar, que yo lo sé :P

Me prestarás el libro, verdad? ;)

bsito

exseminarista ye-ye dijo...

Oye, para una cosa en la que soy bueno no lo voy a negar ;-)

¡Claro mujer, más a usted que la conozco!

Salud y tal.