12 de enero de 2013

Crónicas de Carp-Athos: la paz ha terminado, ¿comienza la guerra?

Los días son cada vez más fríos en esta lejana Carpathia. La bucólica y campestre paz de la finca en la que paso mis tranquilos días está llegando a su fin y cada día más, pues nuevos sucesos han acontecido, nuevos carpathienses se han instalado, todo cambia y siempre siempre (con muy contadas excepciones) es para peor.

Hace unos días leía y reenviaba en ese invento del demonio que es twitter algo como "no sé que vecinos tienen gato y sí los que tienen perros, porque los gatos no son unas putas lloronas" y es algo que subscribo. Sé que los que viven justo debajo mío tienen gatos, pero sólo porque de vez en cuando me miran desde su puerta. Pero los que tienen perros o niños, ésos tengo claro quienes son.

La paz empezó a romperse cuando el vecino de al lado se agenció un perro que le acompañara en su declinar. Del subtipo coñón, de los que ladran cuando otra ladra, de los que ladran cuando no hay nadie en casa, de los que ladran siempre y en todo momento y lugar. Y no digo que me caiga mal del todo el perrito de los cojones, es bastante simpático y efusivo, queriendo saludarte y que le hagas un cariño cada vez que te ve, pero ladra. Su llegada a esta finca hizo que las series y pelis se vieran a un volumen superior que antes, nada que suponga mayor problema. Si puede suponer algo de problema que responda a otros ladridos a las 2 de la mañana, pero bueno, en el fondo soy una persona tolerante.

Lamentablemente, la cosa empeoró, porque ¿qué hay más ruidoso que un perro ladrador? Dos (o tres, que aún no lo tengo muy claro) niños de en torno a 5-8 años, sin duda alguna. No digo que haya que tenerlos encadenados y callados en un rincón, no; aunque siempre he sido de la opinión de que deberían crecer en alguna institución bajo el control del Estado, viendo el andar de la perrita, las opiniones y formas de nuestros sucesivos gobiernos, considero que hasta que no vivamos bajo en un Estado laico, racional y de izquierdas esto casi que mejor no, así que bueno, venga, que vivan con los padres.

Pero señores padres, si les quitan los zapatos de tacón (o lo que sea que llevan en los pies), impiden que estén arrastrando muebles continuamente (y cuando digo continuamente quiero decir a todas horas) y que estén todo el puñetero día a voz en grito, se lo agradeceríamos, de verdad de la buena.

Pues sí, poco después de que el vecino de al lado se hiciera con un perro (de los que ladran) la casa de en frente justo, que comparte la pared del salón y la cocina y que llevaba bastante tiempo felizmente desocupada, se hizo con unos inquilinos nuevos. Una pareja joven. Con dos niñas de 5-8 años. Y un primo de éstas (o hermanastro, o algo) que está día sí y día también. Del subtipo niños que gritan mucho, van todo el día con tacones (o algo que hace mucho ruido) mientras corren, y están todo el puñetero día moviendo muebles.

El volumen de la tele cuando un sábado o domingo por la tarde uno ve una serie (o una peli) ha vuelto a subir.

Debajo de los niños vive otra pareja joven que normalmente molesta nada o menos. El ruido que hacen es el normal, no sé, seré rarito pero prefiero escuchar de vez en cuando como ella disfruta del sexo (subtipo gritón, se escucha por todo el edificio) a gritos y ladridos continuos, no esporádicos. Pero alguien se tuvo que quejar porque últimamente en vez de gemidos se escucha música, que tampoco me molesta, sinceramente, aunque para mi gusto tienen los bajos un poco altos y consumen poco rock (son más de electrónica), mas para gustos colores.

Seré raro pero prefiero escuchar de fondo música o gemidos a gritos y ladridos, no sé.

Anoche fui al estreno de una webserie, Movie Time, no por rollo cultureta ni porque dieran vino español y ganapieses de esos, no, no regalaban na', hay que ver, sino porque la Exseminarista-sobrina participa en el proyecto. Simpática, la verdad, habrá que seguirla (la serie; mi sobrina también lo es, pero ni se te ocurra). Después me volví a Carpathia, me envolví en la horrenda batamanta que me regalaron los Reyes (Magos, claro) (sí, me regalaron una batamanta, el fin de los tiempos se acerca) y me puse a terminar un librito que también cayó por estas fechas, uno de Terry Pratchett. Abajo sonaba la música, así que supongo que o estarían follando o estarían de fiesta, que también puede ser. Y realmente no me molestaba, complementaba al ruido de fondo que pongo cuando leo. Y sí, estaba realmente alta, vale.

Era temprano, 0030 ó así, cuando los acontecimientos empezaron a desencadenarse. Se abre la puerta de al lado y el vecino baja a tocar a la puerta del de la música. Con todo fracaso, porque no respondieron ni a los primeros toques ni al aporreamiento brutal de la puerta. Tras varios minutos de golpeteo se dio por rendido y volvió a su casa gritando algo "lo que no hay son cojones" y dando el portazo correspondiente. Pero algo sí que consiguió y es que la música la acabaron apagando (o bajando a niveles inaudibles) a los 5 minutos o así.

Y aquí es cuando cual Wyoming me levanto y me siento en la mesa para hacer mi reflexión. Porque sí, lo sé, alguien me dirá "¡los niños, ¿es que nadie piensa en los niños?!" y reconozco también que igual el volumen era un poco excesivo. Pero al mismo tiempo me da por pensar que si a mí los continuos golpeteos, correteos, gritos y muebles en movimiento me molestan y sólo comparto una pared, los que están debajo de ellos, los de la música y el sexo, deben estar pasándolo realmente mal pues tienen que escucharlo absolutamente todo. ¿Y los padres no piensan en eso? ¿No es censurable, no les importa?

Además el no hay cojones también me da que pensar que se aproximan tiempos interesantes1, porque el otro otra cosa no pero apocado no parece, para nada. Así que me espero lo peor, la verdad.

¿Y cuándo me dé por hacer una fiesta o acabemos de after en casa? Bien es verdad que no solemos poner la música alta (bueno, el Mariquita sí, pero siempre estoy detrás para volver a bajarla), pero ya preveo lo peor. Bueno, o no, para que alguien venga a casa de fiesta tengo que tener alguien para salir de fiesta y cerrar los bares y no es el caso. Menos cuando viene el Mariquita, claro, pero eso es como mucho una vez al mes. Y ni eso, que desde que vivo en Carp-Athos en vez de en el centro por aquí no viene nadie; bueno, alguien realmente importante sí, pero nadie más.

No sé. Esto enlaza con la anterior entrada y la falta de empatía que está cada vez más generalizada. En esta lejana Carpathia, y normalmente en el resto de sitios, me limito siempre a vivir y a dejar vivir, a aplicar la máxima "por mí como si te tiras por un puente, mientras no salpiques" y a procurar no salpicar tampoco, porque sé que las cosas son casi siempre de ida y vuelta. En fin, me estaré haciendo viejuno, seguro. Y la gente más estúpida, sin duda.

Ya contaré cuando la sangre llegue al río, que verás que llega. Siempre piensa mal. Salud y eso.

1.- Ya he tenido tiempos interesantes. Ahora no me interesan, la verdad. Y me da que esto ha empezado a tomar cariz bélico: durante el almuerzo empezaron de nuevo a mover muebles al lado. Al minuto empezó a sonar la música a toda leche. Que Doraemon nos coja confesados.



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4 comentarios:

alejandro dijo...

me preocupas, te estas volviendo un viejito gruñon

exseminarista ye-ye dijo...

Me lo han dicho, lo de gruñón. No sé, será que ya no me quejo en los bares ni nada, así que en algún lado tengo que hacerlo.

O no, o yo qué sé. ¿Cuándo se da el salto pa'cá, oiga?

Salud y saludos.

Lillu dijo...

Yo estoy dudando entre si es peor lo de los niños o lo del perro. Lo de la música también, pero no estaría entre lo más odiado de vivir en una comunidad tan amistosa como la tuya :P

Yo tengo suerte, en mi edificio suele reinar un silencio bastante sepulcral a partir de las 11 de la noche, y mira que son muchas viviendas. Lo único que suele romper esa tranquilidad son algunos gemidos nocturnos, pero vamos, con tanto silencio normal que se escuchen esos disfrutes tan claramente, jaja.

bsito

exseminarista ye-ye dijo...

Afortunada, dice el Exseminarista oyendo de fondo gritos infantiles. Y golpes. :-/ :-P

Salud y saludos, oiga.