12 de noviembre de 2012

Y seguimos con más libros.

Bueno, continúo eliminando cosas de la cola, este fin de semana han caído otros dos títulos (y se han incorporado otros dos, pero ésa es otra historia, la de mi continua diógenes lectora y la manía de seleccionar lectura por el estado de ánimo del momento y tal; no tengo remedio, lo sé).

#46 Lorenzo Silva - El lejano país de los estanques

De la contraportada:

En mitad de un tórrido agosto mesetario el sargento Bevilacqua, que pese a la sonoridad exótica de su nombre lo es de la Guardia Civil, recibe la orden de investigar la muerte de una extranjera cuyo cadáver ha aparecido en una urbanización mallorquina. Su compañera será la inexperta agente Chamorro, y con ella deberá sumergirse de incógnito en un ambiente de clubes nocturnos, playas nudistas, trapicheos dudosos y promiscuidades diversas. Poco a poco, el sargento y su ayudante desvelarán los misterios que rodean el asesinato de la irresistible y remota Eva, descubriendo el oscuro mundo que se oculta bajo la dulce desidia del paisaje estival. A partir de una sabia mezcla de ingredientes policíacos, relaciones humanas y pinceladas de humor bien dosificadas, Lorenzo Silva construye una novela refrescante y llena de hallazgos.

Si no conocías al autor es posible que su nombre te suene porque es el ganador de la edición de este año del premio literario ese que, aunque abierto al público en general, casualmente siempre le toca a algún escritor de renombre, el Planeta dicen, que mira que es coincidencia, oye. El libro me lo prestó M. hace un tiempito porque es fan absoluta de esta serie, en la que estos dos picoletos van resolviendo crímenes por la piel de Toro (y un poco más allá, pues por lo que se ve también llegan hasta estas Canarias, oiga).

A mí la verdad es que aunque me resultó entretenido tampoco lo fue tanto como para engancharme. De todos modos no descarto seguir con la serie en algún momento, pero así, sin prisas, cuando vaya tocando (y me quede sin lecturas y tal). Además, un grave defecto que tiene es que le puedes coger cierta simpatía a los protagonistas y es un tremendo error, pues como todos sabemos un guardia civil no puede ser simpático (ni de fiar) (por extensión, ninguna fuerza de seguridad del Estado(coño) puede/debe serlo, oiga, pues por norma el uniforme lo llevan para defender al capital de los pobres, digo). Venga, un 6,5 ó así.

#47 Ramon Boldú - Memorias de un hombre de segunda mano (1968-1982)

De la contraportada:

Ramon Boldú es un hombre sin imaginación. Probablemente por eso es nuestro mejor (por no decir único) dibujante autobiográfico. Puede que en Estados Unidos el memorialismo costumbrista sea un género (ahí están para apoyar esa teoría personajes como Robert Crumb, Joe Matt o Chester Brown), pero aquí, en Barcelona, el único individuo que conozco dotado de una desfachatez total a la hora de explicar su vida en dibujos es el inefable Ramon Boldú.
Curtido en la redacción de la inolvidable revista Lib, Ramon Boldú ha llegado a la madurez incapaz de tomarse en serio ni a sí mismo ni al mundo que le rodea. Y ha sido, precisamente, en la falta de lógica del mundo en general y de las relaciones sentimentales en particular donde ha encontrado el material para sus demoledoras historietas.
Despiadado con sus seres queridos y, sobre todo, consigo mismo, Boldú ha ido acumulando toneladas de caspa sentimental hasta componer una obra sin parangón y sin vergüenza. 
Ramón de España, 1998.

"¡Me habéis dado el premio, nada más y nada menos, que al Mejor Guionista de Humor 1994, cuando todo lo que cuento de mi vida va completamente en serio! Es como si os rierais de un jorobado... Meditad eso..." Ramon Boldú en una entrevista que concedió al Diario de Avisos en 1995.

"Dibujo para sacar algo positivo de mi vida: al menos mis lectores se pueden entretener con ella." Boldú, 1996.

"Gracias a contar mi vida en cómic, cuando me muera, quizá se me recuerde como el artista con más autorretratos del mundo." Boldú, 1997.

"Para evitar meterme en líos, procuro contar sólo cosas de gente que sé, a ciencia cierta, que no lee cómics. A pesar de ello, incomprensiblemente, llevo en mi haber infinidad de juicios y querellas millonarias que me han dejado en la indigencia para el resto de mi vida. ¡Ah!, ¡pero eso sí!: ¡soy rico en emociones!" Boldú, 1997.

Éste es el último de los regalos leíbles de cumpleaños que me quedaba por leer. Vamos, casi 5 meses para un cómic parece mucho, ¿no? Pues sí y no, han confluido una plétora de circunstancias (bonito fraso): por un lado, la omnipresente lista que no sirve como excusa. Por otro y esto sí que es verdad se trata de un cómic bastante bueno, pero muy denso, con bocadillos muy pequeños, dibujo muy concentrado y texto bastante apretado. Todo esto hace que no haya podido leerlo con las lentillas (sí, ya, mundo viejuno) sino sólo con las gafas, que sólo me pongo (ponía) durante un corto tiempo antes de acostarme, así que ha sido leeeeento de leer, por mi culpa, mi culpa y mi gran culpa (y la de mis ojos).

Pero bueno, en resumen, que muy recomendable, retrata muy bien la España(coño) (o más bien la Barcelona) de finales de los 70, huelgas, libertad, sexo. Me gustó. Hala, un 7,5 ó así.

Y nada, buena semana y ya saben, el miércoles ¡huelga!
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