17 de abril de 2012

Nada por aquí, nada por allá

La gente pasa por mi lado mientras camino. No les veo. No les ignoro, no, simplemente creo un "túnel" voluntariamente gracias al cual no veo nada de lo que me pasa por delante. Tengo puesto el automático, me aseguro de no atropellar a nadie ni de ser atropellado, pero no me interesa lo más mínimo nada de lo que me rodea. Sé que pasan porque percibo bultos, sombras, y las esquivo, pero no me interesan lo más mínimo. Lo hago a menudo.

Paro al fin en la calle, enciendo un cigarrillo, me concentro en su humo y continúo aislado del mundo. No necesito mp3 ni móvil con internet ni nada por el estilo. Me basta con mi mente. O con ausentarme de ella.

Y no sé hasta qué punto es normal todo lo que pienso, todo lo que "siento". Hay veces, muchas, en las que me pregunto "¿qué coño le pasa a mi cabeza?" Y aunque tengo sospechas no tengo certezas. En el fondo tampoco me importa, para qué nos vamos a engañar.

La calada me sabe a plástico. Vuelvo al mundo, estoy a punto de quemarme con la brasa. Quizás sea hora de conectar. Curioso, el sol me está dando. Venga, vuelve al labo, trabaja, haz algo, ¡actívate!

Quizás mañana.


(Tema que no tiene absolutamente nada que ver. O sí. O yo qué sé).



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2 comentarios:

Speedygirl dijo...

Yo creo que todos nos aislamos en algunos momentos... no sólo creo que es normal, pienso que es incluso sano. De vez en cuando.

exseminarista ye-ye dijo...

Ahí está el matiz, en el de vez en cuando, oiga. ¿Cuándo es demasiado? :-P

Salud y saludos.