8 de diciembre de 2011

Crónicas de Carp-Athos

Uno de los miles de males que afligen esta lejana y fría comarca de Carp-Athos es la endémica carencia de aparcamientos de sus calles. Los que aquí habitamos hay días en los que debemos dar vueltas y vueltas en busca del sitio libre, mirando con cada vez más odio los vehículos de los vecinos más egoístas y desconsiderados, por no llamarlos directamente hijos de mala madre que merecen arder en el infierno tras morir entre horribles estertores, que ocupan dos sitios, aparcan mal o dejan su coche en el mismo sitio durante meses. Se salvan porque mis tendencias homicidas se quedan en tendencias. Y porque aún no le he puesto el lanzallamas al coche, la verdad.

Otra de las características típicas de esta aburrida Carpathia es la total ausencia de visitas por la policía, en cualquiera de sus reencarnaciones, local, nacional, picoleta, guanchancha, ¡ninguna! En el año y medio que llevo viviendo aquí sólo la he visto una vez y no exagero. Y se dedicaban a mirar los niños entrar al colegio mientras palicaban. Será que es una comarca tranquila o que el propio vecindario se encarga de cuidar, que ya se sabe, el barrio es el barrio y aquí no nos entra nadie a robá y tal.

Un efecto claro de esta ausencia de agentes de la autoridad es que las aceras carpatienses se encuentran normalmente llenas de coches, al igual que los pasos de peatones y demás. Recuerdo ahora la simpática anécdota del amigo Pitercantropus, que se fue de vacaciones a Españistán durante 10 días dejando inadvertidamente el coche en una zona de carga y descarga, encontrándoselo exactamente igual a su vuelta y sin multa ni nada. Y es que aquí son muy anárquicos al respecto.

Pero la verdad es que lo de las aceras y los pasos de peatones me resulta francamente intolerable y más en el entorno del colegio junto al que vivo. Me parece curioso, por decir algo, ver a padres aparcando en la acera y llevando al niño al colegio por mitad de la calle. En fin, así son las costumbres carpatienses y lejos de mí conseguir cambiarlas (aunque intentarlo lo intento, aunque sea con el ejemplo). Y la idea del lanzallamas sigue pasando por mi mente a diario.

(Bueno, vale, sí, lo confieso, no puedo más, ayer tuve que dejar el mío en un paso de peatones, pero ya no podía dar más vueltas, estaba cansado, hoy era festivo y en cuanto pude bajé a cambiarlo, ese paso de peatones no se usa nunca porque la otra acera está siempre llena de coches, ¡yo no quería! Cuanta culpa, snif).
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2 comentarios:

Lillu dijo...

Pídele un lanzallamas a los Reyes Magos, a ver si hay suerte :P

bsito

exseminarista ye-ye dijo...

Uy, es que los Reyes (SPOILER) son los padres (FIN DEL SPOILER) y los míos son bastante pacíficos, que se le va a hacer.

Beso, salud y tal.