23 de agosto de 2011

Cosas que no pasan estos días por la cabeza


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(Foto de un encefalograma plano, robada con diurnidad, alevosía y guglelización de aquí )

A diferencia de otras épocas no tan lejanas, actualmente pasan cientos de miles de millones de cosas, o al menos el par de ellas, bueno, alguna sí que pasa, no lo vamos a negar, pero así como rápido. No hay que molestarse con todo lo que te pasa, no hay que darle a las cosas más vueltas de la que realmente hay que darle y, de verdad, normalmente les damos más importancia que la que realmente tiene.

Actualmente, entre otros varios, estoy leyendo el libro Fifty degrees below de Kim Stanley Robinson. En él, en un momento dado (precisamente en la parte que estaba leyendo hoy/ayer lunes), hace la siguiente reflexión que traduzco malamente para ustedes porque soy así, de natural buena gente y tal:
La cuestión es, pensaba mientras esperaba, nadie te conoce. Nadie puede conocerte. Aún en el caso de que pases casi todos los días con alguien, y había gente así – aún entonces, no. Al final todos vivían solos, no sólo en sus cabezas sino incluso en sus rutinas físicas. Los contactos humanos estaban parcelados, para usar un término de la ciencia del cerebro o de la teoría de sistemas; divididos en parcelas. Estaban:
1.- Las personas con las que vivías, si es que lo hacías; eso era alrededor de cien horas a la semana, la mitad de ellas dormido;
2.- La gente con la que trabajabas, lo que eran 40 horas por semana, más o menos;
3.- La gente con la que practicabas deporte, lo que sería una porción de las 30 horas que quedaban de la semana;
4.- Por último estaban los extraños con los que pasabas el tiempo en el transporte, o comiendo fuera o cosas así. Esto se añadiría a un calendario ya lleno, según los cálculos de Frank hasta ahora, lo que sugiere que todos estaban viviendo más horas a la semana que las que actualmente existían, lo que parecía correcto. En cualquier caso, una vida normal estaba dividida en diferentes grupos que nunca se reunían; y por eso nadie te conocía completamente, excepto tú mismo.”
Una de las conclusiones (pues las otras no vienen al caso si no estás leyendo la novela) es: “sé feliz. Nadie veía lo suficiente como para ser testigo de tu vida y unirla toda” (y aún sabiéndolo estamos continuamente intentado que esto no sea así, pretendiendo que alguien sí la conozca aunque realmente nunca vaya a pasar, ¿no?).

De eso se trata, simplemente. Y en eso estoy. En intentar ser feliz al menos. En el proceso viene bien de vez en cuando autofustigarse alguna que otra vez, de verdad de la buena, pues si no se puede perder el contacto con la realidad. Pero sin exagerar. Y recordar siempre que el pasado no cuenta y el futuro no existe, aunque sea una mentira de las gordas. Porque sí que debe contar, aunque sea para conocerte y mejorar, para no repetir errores, pues cadáveres (metafóricos) dejamos todos atrás, mas a medida que avancemos igual sería mejor ir dejando cada vez menos. La no existencia del futuro implica que tú eres quién lo crea, día a día, porque lo único seguro que hay es la muerte.

Hala, hay que ver la chapa que estoy dando de último, je. Venga, ¡apúntense al Blogs & Gofio , payos, que les va a gustar! Y sean malos.

El temita de hoy, que sin duda no tiene nada que ver:


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4 comentarios:

ANuRa dijo...

Y se ha olvidado la reflexiôn sobre el tiempo que pasas con amigos imaginarios... que quizâs sean los ûnicos que realmente, aparte de ti mismo, pueden conocerte bien... Y mejor lo dejo aquî, que aûn soltarê un discurso del tema y la penya tendrâ ya prueba fehaciente de que estoy como una cabra...

exseminarista ye-ye dijo...

Bueno, esa compañía se da por supuesta, 24 de 24 y 7 de 7, ¡ésos sí que me conocen bien!

Menos mal que no se lo van contando a nadie... ;-)

Besos y tal.

Pdta.: ya se sabe, hija XD

ANuRa dijo...

Mierda...

exseminarista ye-ye dijo...

No se preocupe, oiga, que tampoco es nada malo... ;-)