7 de julio de 2011

Crónicas de un biólogo (molecular) en la finca.

Así iba a titular la entrada en la cuál relataría con pelos y señales todo lo acontecido en tierras extrañas, cuando por carambolas de la vida acabé durante mes y pico cuidando una finca de agricultura ecológica allende los mares.

Pero por motivos debidos y ajenos a mi voluntad (ajenos: me he quedado sin internet, snif, cuanto sufrir; debidos: ¡he empezado a currar de lo mío! Por lo que ya no tengo tanto tiempo libre, olé olé ;-) ¿estaré madurando? Creo que es la primera vez que me alegro por no tener tanto tiempo libre, je), ésa será otra entrada que se quedará en el tintero, por lo menos durante un tiempo. Así que por resumir lo del campo, diré: está lleno de bichos, es sucio, hace calor y cansa un huevo.

Esto se nota mucho más cuando comparas con las actuales condiciones de trabajo: los únicos bichos son los que encargas, está todo limpito, incluso tu ropa, porque llevas una bata impecable (por ahora), hay una temperatura estándar de 22ºC (aire acondicionado, como mola) y aunque también cansa, realmente no es agotador, oiga (al menos por ahora). Así que entre tú y yo, el cambio ha sido para mejor, creo.

Y eso si no tenemos en cuenta la mejora salarial (que el dinero no lo será todo, pero mira que cuenta) y el pequeño detalle de la seguridad social y esas cosas. Y no voy a comparar con lo del reparto de cochinos, amos hombre, no hay color...

Pero estoy trabajando en lo de intenné, a ver si consigo alguito, pues tengo la firme voluntad de retomar la escritura por estos lares, de verdad de la buena.

Así que hasta entonces, sean malos y tal. Y beban mucha agua. Y usen protector solar, digo.
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2 comentarios:

Lanarch dijo...

Joder, qué ganas de leerte algo así :D

exseminarista ye-ye dijo...

Y ya te puedes imaginar las ganas que tenía de escribirlo, jeje :-D