17 de marzo de 2011

Otro día más

Y otros carnavales que han pasado. Vuelve la tranquilidad a este hogar de Los Cárpatos y, paradójicamente, se echa de menos el bullicio de tener a más gente en casa. Tras casi una década viviendo solo, interrumpida sólo por el par de años de convivencia cuasiconyugal, había supuesto que enfrentarse a compartir casa, aunque fuera solamente por 10 días, iba a ser una experiencia agobiante y traumática. Y si hay que ser sincero no lo fue tanto, al menos para mí*. De hecho cuando el pasado domingo acompañé a I. donde iban a transportarle y llegar a casa (E. se fue el jueves), día en que comenzó la tormenta y la bajada de temperatura, me senté en el sillón, encendí el portátil que tuve esos últimos días y me dije "joder, que bien, al fin solo; mierda, de nuevo solo". Y es que otra cosa no, pero contradictorio sí que soy.

Y pasó la tormenta, al menos la meteorológica, con su granizo, sus temperaturas cercanas a 0 en este paraíso natural de eterna primavera que son las Canarias, su nieve a poco más de 1.000 m de altura (vamos, el barrio de arriba prácticamente), su lluvia incesante (lástima no poder dejar el techo del coche abierto y así también se limpiaba por dentro) y su frío. Ah, bueno, que esto último ya lo dije, pero es que de verdad, hacía mucho mucho, que uno no tiene costumbre. Bueno, sí que la tengo, pero no tanto.

Y continúa la tormenta, con miles de cosas en la cabeza pero ninguna que me permita expresar. Con tonterías ajenas, propias y comunes. Gente que decide dejar de compartir, ¡joder, chorradas!, bastantes problemas tengo ya como para estar atento a cosas que realmente no tienen importancia, porque no la tienen, porque hemos hablado mil veces de quinientas cosas y no he sido el único que se ha dado cuenta de que no tenemos nada en común. Y gente nueva, que siempre llega y estaría bien que a quedarse, pero eso sólo depende de uno en un 50%, digo yo. O no. O yo qué sé.

En fin, que en resumen resumiendo ¡todo sigue igual! Por seguir, sigo sin que se me ocurra nada divertido, interesante, indignante que contar. Pero supongo que todo llegará, lo único que dura eternamente como bien sabes es la muerte, espero.

¡Vaya! Yo que había abierto un blog para contar lo que me hacía gracia (sobre todo) y despotricar de lo que me indignaba (vale, y porque un par de amigos tenían el suyo y me hacía ilu) y lo único que hago de último es quejarme. ¡Hasta aquí llego, volverá el nuevo Exseminarista! Mañana empiezo o algo...

Y no, no voy a hablar de política y mira que están especialmente estúpidos nuestros gobernantes.

Y tampoco voy a hablar de Japón que para eso ya hay millones de páginas. Además, siempre he mantenido una posición ambivalente en lo que a la energía nuclear respecta. ¿Buena o mala? Con 40 tacos (y subiendo) aún no me he decidido. Lo que sí cambió es mi concepto de tsunami; me explico, el tsunami como concepto sabía bien lo que era. Pero uno se lo imaginaba más bien como una ola gigante que rompía; viendo las fotos el símil que ahora se me ocurre es más bien el de un muro que se te acerca a gran velocidad, la verdad.

Así que hala, séanme malos y pórtense bien. Y salud, claro.

(*) La gata la verdad es que con tanta visita sí que se estresó un poco. En vez de estar un 75% del tiempo durmiendo, como es habitual, estaba todo el día pendiente a ruidos, puertas, gentes, movimientos ajenos, etc... Ni cuando estaba echada en el sillón estaba relajada de verdad, la pobre. Pero al mismo tiempo seguro que disfrutó un algo. O no. O yo qué sé. Eso sí, ahora parece que está recuperando el tiempo perdido y mira que ya han pasado cuatro días.
Share/Save/Bookmark