23 de enero de 2011

Yo tenía un amigo. O de como la gente cambia y por desgracia muchas veces a peor. (EDITADO)

Bueno, hala, como ya está conseguido en parte lo buscado y si no, poco que me importa, que para eso realmente me da igual, pues ahí lo dejo, censurado y eso.

¡Cómo mola! Parece un guion porno que pasó por la censura franquista.

Salud y tal.

Pues sí, tuve un amigo. La primavera y el verano (y más) de hace dos años estuvimos juntos casi todo el día y casi todos los días; conocido de antes, las circunstancias de la vida y eso nos juntaron. Parado pero con dinero, cobrando del estado y además recién recibida una suculenta indemnización post-juicio, tenía todo el tiempo del mundo; por las mañanas hacía lo típico, enviar currículos y tal (bueno, por la mañana, el día empezaba a eso de las 11, pero hacerlo lo hacía), luego almorzaba y ya nos veíamos para echarnos el café, abríamos después el local en el que él trabajaba, seguíamos palicando, leyendo el periódico, entre cerveza y cerveza y otros amigos, la cosa se iba animando, cerrábamos, visitábamos otros locales, cerrábamos La Laguna y acabábamos bien en mi casa bien en alguna otra, de palique, de risas, de fiestas, entre más birras, rones y productos ilegales de varios países africanos y americanos. Fueron días luminosos y alegres, aunque aún no había conseguido salir de la depresión que me ocupaba, sí es verdad que guardo muy buen recuerdo de esos días. Estuvieron bien, muy bien.


Una de tantas noches sucedió un incidente, del cual me siento hasta cierto punto responsable, en el que se vieron implicados él y otro amigo mío, pero no de él, a resultas del cual hubo una denuncia que posteriormente llegó a juicio. Dado que había otros testigos, dado que me encontraba dividido entre dos personas, le solicité, no, le pedí que no me llamara como testigo. No sólo accedió sino que dijo entender mi postura; que no me preocupara, que lo entendía perfectamente. Bien, todo siguió igual.


Posteriormente encontré trabajo. La vida y sus cosas nos separó y aunque seguíamos siendo amigos, obviamente ya no estábamos juntos 12 horas al día. Mas seguíamos echándonos cervezas, compartiendo historias y tal. Pero con el flujo de las cosas la separación fue creciendo, apenas nos veíamos, y estas pocas veces se iban espaciando cada vez más. ¡Pero no había ningún problema! Todo había sido más que hablado y nuestra relación de amistad se mantenía aparentemente firme.


El verano pasado, quizás un poco antes, fui con mi gente a un local que solemos frecuentar y del que ya he hablado alguna vez, el pequeño de música española y donde él suele trabajar ocasionalmente. En un momento dado cual fue mi sorpresa cuando empezamos a hablar y empezó a recriminarme todo lo que había pasado, el que no testificara, el que hubiera "elegido" al otro amigo, etc, etc. Estupefacto le recordé que este tema lo habíamos más que hablado, que en su momento a él le había parecido bien y había entendido perfectamente mi postura y le pregunté con quién había hablado para cambiar de opinión tan radicalmente (sé perfectamente con quién, pero ésa es otra historia). Ahí se produjo la primera agresión: poca cosa, un golpe en el brazo y un empujón, pero agresión. Hace tiempo hice mío el lema de que la violencia es el recurso de los incompetentes. No hice nada, abrí los ojos, dolido, no por el golpe que no fue nada sino por la traición que implicaba, no le dije nada y me fui. Simple y sencillo, como persona había acabado para mí, hay cosas que simplemente no tolero y más aún a estas alturas de la película. Aún habría habido posibilidad de arreglo, no hay nada más sencillo (o no...) que una disculpa, un propósito de enmienda, pero no, no llegó nunca.


A finales ya del año pasado estábamos de nuevo en el mismo local. No pienso dejar de ir a un sitio que me guste porque en él trabaje una persona que no existe, es así de sencillo. Estaba allí Mujer-de-mi-vida-que-no-lo-es, hablamos, mucho, y como resultado acabé sonriendo como un bobo, apoyado en la puerta del baño y haciendo como que escuchaba a mis amigos. De repente, un golpe en el brazo y un individuo que con cara de odio viene hacia mí. Segunda agresión. Gracias a los reflejos de H., que se interpuso, y su diplomacia la cosa no llegó a mayores, aunque también es verdad que en ese momento a mí me daba absolutamente igual. Seguía sonriendo como un bobo y nada me importaba, así que tampoco dejé de mirarlo fijamente (provocando, me decían), ni me fui, ni me incomodé, ni nada. Y si hubiera pasado algo, pues tampoco me importaba, la verdad. Ya me da igual, ya una disculpa no me vale para nada.


Ahora veo que yo soy el malo. Que gente con la que tenía una cierta amistad me ha retirado el saludo. También es cierto que opino que poco me importa alguien que sólo se preocupa de recabar una versión de la historia, pero joder jode.


Mas como sé que alguno de ellos sí que me lee, pues aquí tienes mi versión. Luego puedes hacer con tus opiniones lo que te dé la gana. Digo yo. O no. O yo qué sé.


Tampoco me preocupa en exceso, tengo más amigos y muy buenos, de los que te apoyan y hablan contigo de las cosas. Hay lastre que es mejor tirar por la borda.


Hala, que tengo cosas que hacer. Salud y tal.
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2 comentarios:

O dijo...

Más te joderá si le partes la cara, luego tendrás varios problemas por no haber hecho nada, mejor intenta evitarlo. Intenta hablar con él en plan no quiero problemas contigo, cada uno por su lado y ya está.

Es mi consejo!

De todos modos es un tema complejo.
(No estarás fumando en su garito no? jeje)

exseminarista ye-ye dijo...

Oiga, yo no he empezado nunca una pelea, así que como mucho actuaría en defensa propia.

En fin,ya se verá lo que pasa si es que pasa algo.