21 de enero de 2011

De culos y tacones

Me fijé en ella nada más llegar al curso. Realmente hermosa en cara, enmarcada en un pelo rizado y largo, y en cuerpo. Y lo mejor estaba por llegar; al darse la vuelta se revelaron ante mis ojos unas largas, esbeltas, preciosas piernas, rematadas por uno de los culos más bonitos que he podido admirar en los últimos tiempos. Lástima que llevara zapatos de tacón.

Tal que así estaba la niña, pero con vaqueros y blusa, una pena. La foto se la tomé a la amiga Gisele la última vez que estuvo en casa; nos divertimos así, sacándonos fotos, echándonos unas copas y unos petas y cosas de ésas que hacemos la gente adulta y tal.

Ésta es una conversación que he tenido cienes y cienes de veces con Ch., ferviente seguidora y usuaria de los zapatos de tacón. Le concedo, igual que se lo concedo a todo el que me dice lo mismo, que unos taconazos estilizan la figura femenina, alargan las piernas, embellecen el trasero, vamos, que la hacen más atractiva. Pero, raruno que es uno, me gustan más las mujeres que no los usan de forma habitual (digo más en negrita, no es que si usas tacón no me gustes, que eso sí que no oiga), que suelen usar calzado bajo y/o tenis (o zapatillas de deporte para los españoles de la península que entren por error).

No sé, quizás es porque luego se quitan los zapatos y resulta que descubres que ni es tan alta, ni las piernas son tan estilizadas ni el culo está tan bien puesto. Del otro modo sabes casi con certeza que lo que ves es lo que vas a encontrar. Lo que no quiere decir que uno no disfrute de la visión de una bella mujer en taconazos. ¡Ay, la mujer, cuan hermosa es!

O quizás todo es una excusa para poner una foto de Gisele, que también puede ser :-)
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