16 de enero de 2011

Crónicas de Carp-Athos (III)

Mientras los últimos rayos de sol mueren con la tarde y acunado por mi nada fiel felina, aprovecho la laxitud de la tarde-noche del Día del Señor para poner en orden mis pensamientos. Recién terminadas las labores del hogar, hasta hace poco indignas de un caballero y licenciado como yo, tareas propias de siervos, tales como planchar las túnicas a utilizar a lo largo de la semana que hoy empieza, limpiar la loza en la que he de servir mis dignos manjares, ¡oh, triste destino, que me ha llevado a realizar estos trabajos que antes confiaba a mis sirvientas!

Mas no por ello expreso mis quejas en voz alta. La vida y sus vueltas deberían hacernos recapacitar, sic transit gloria mundi decía el beato filósofo, no somos nada, de un polvo venimos y en polvo nos convertiremos y quien hoy está en la cumbre mañana nada será. No permito que nada me afecte, mi dignidad personal se mantiene intacta, mi sonrisa es la mejor arma contra los reveses del mundo.

¡Por el Santo Nota! ¡Las ensoñaciones de un tiempo pasado deben haber enturbiado y adormecido mi conciencia, pues el sonoro canto del gallo de esta pastoril Carp-Athos acaban de despertarme! Cuan rapido transcurre la noche en estos alejados del mundanal ruido lares... Pero, ¡espera! El reloj del salón, al que doy hora puntualmente a las 8, marca las 2115, ¡no puede haber amanecido! ¿Estará avisando dicho gallo el fin de los tiempos? Signos se han producido en el Mundo, lluvias de aves, terremotos, inundaciones, sequías, magnicidios, rebeliones del vulgo contra sus justos gobernantes...

Respira, recapacita, recuerda; a esta vieja mente, que tan bien se acuerda de gozosos hechos años atrás acaecidos, le cuesta por el contrario recordar hechos sucedidos días atrás, le cuesta rememorar los dos últimos días de insomnio causados por esa ave, que canta sin pausa en el día y en la noche. Quizás sí esté avisando del fin de los tiempos, mas si por mí es cantaría su propia muerte.

Tal vez deba abrir la puerta de esta Villa a mi cruel felino para que acabe con él, mas temo la carnicería que entre los campesinos de los alrededores pueda causar. Y temo más que reencontrada la libertad decida no volver a acompañar estos años de oscuridad de su dueño.

No sé, quizás deba intentar acostumbrarme a estos horribles ruidos, en vez de rememorar la música que antes me acompañaba, quizás...

Quizás deba sumergirme en la lectura de alguno de los volúmenes que generosamente me ha dado cierto Ornitorrinco amigo mío y dejar aquí este pergamino, que poco ha avanzado en los ya más de 6 meses que habito en esta fría, lejana, campestre, húmeda y a pesar de todo para nada apreciada Carp-Athos. Así Morpheo podrá venir a visitarme, no creo que uno de los Eternos se deje ahuyentar por algo tan nimio con un puñetero gallo.

O sí. O yo qué sé.
Share/Save/Bookmark