3 de diciembre de 2010

Irónico esto de la vida

Los niños no es que no me gusten, todo lo contrario, me encantan (no en sentido clerical, claro), más si son míos (si los hubiera y qué yo sepa no es el caso) o míos putativos; el resto, pues oiga, 5 minutos no matan a nadie, se le hace el par de morisquetas, algún gugú y hala, con los padres. Vamos, que no, que los ajenos son eso, ajenos.

Las multitudes no las soporto. Parte sociopatía, parte odio a muerte a la gente. Para ir a macroeventos tipo carnaval tengo que haberme echado unos cuantos rones, algunas birras y alguito más. Microeventos en plan fiesta, pues mejor, con las birras me suele bastar. Grandes multitudes, digamos desfiles, centros comerciales, compras navideñas, etc..., ¡no puedo con ellas! Completamente sereno tal sacrificio supone un reto inasumible, por lo que procuro evitarlas el máximo posible.

La gente. Ésa es otra. La gente no está mal, mientras esté en su sitio, preferiblemente lejos del mío. Timidez o sociopatía (ya mencionada) o ambas cosas a la vez, qué más da. Y no es que me caiga mal, no, no es eso. Pero...

Y lo de andar ya te digo. Porque si hay que andar, pues se anda, por eso que no sea. Mas si puedes ir en coche o en bici, no acabo de verle la necesidad. A lo mejo algún pateíto por el monte, pero oiga, eso es por el aire, por el paisaje, por el tercer tiempo y el bocata del intermedio, esto sí mola. Pero andar por andar, no sé yo.

Por lo demás uno es bastante normal. Bueno, algo normal habrá. Excepto en un mes (¿o eran 6?) en especial, diciembre, mes depresivo y repugnante donde los hay. Con sus luces navideñas. Con su consumismo. Con sus capullos con gorro de Papa Noel gritándote feliz navidad o haciendo sonar una coñona campana. Con sus horrendos villancicos, que no dejan de sonar por las calles hasta altas horas de la noche. Por su hipocresía. ¡Por las multitudes que ocupan La Laguna y Sta. Cruz! Por no poder aparcar en ningún lado. Odio profundamente las navidades, el espíritu navideño y la madre que los parió, de verdad de la buena. Y por extensión también a diciembre lo odio mucho.

Pues llegó diciembre, cosa ya desagradable de por sí. Pero al menos curro, poquito, pero curro, que pa'l par de cosas me dará. ¿Adivinas de qué? Una pista: los tiene todos.

Voy a tener que hablar un día de estos con la diosa Fortuna, a ver qué coño le pasa conmigo, hostiayá. Haz biología, decían...

Hala, buen día y eso. Y si vas a coger el coche ten cuidado que los picoletos cada vez se esconden mejor, los jodíos.

(La foto se la robé a Deprofundis, pero me la mandó primero la Rubia que no es Tonta)

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