29 de octubre de 2010

Crónicas de Carp-Athos (II)

De cuán dulces sueños te proporciona la plácida y pastoril vida carpathiense.
Cierto es que cuando residía en pleno centro de LaLag hube de acostumbrarme al habitual bullicio de sus noches a la hora de encontrar el sueño. Pero menos cierto no es que normalmente uno se encontraba entre los creadores del bullicio, dada la apasionante vida cultural que producía la noche de mi añorada ciudad, por lo que el supuesto ruido al que aludían algunos descontentos vecinos a mí me resultaba música para los oídos.

Y verdad también es que en las escasas noches en las que me encontraba en aquel mi hogar la grata compañía que normalmente tenía impedía apreciar en su total magnitud la vida nocturna. De hecho, he de reconocer que tras 7 años de residencia ese murmullo continuo hasta altas horas de la madrugada era requisito imprescindible para que Morfeo acudiera a mi hogar.

Las mañanas, sin embargo, eran harina de otro costal. Silencio absoluto, que permitía prolongar las horas de sueño hasta el momento apropiado para desayunar, mediodía o poco antes, como cualquier persona decente.

Uno de mis grandes temores a la hora de exiliarme en esta Carpathia que desafortunadamente aún no he alcanzado a amar fue precisamente éste, si sería capaz de adaptarme a las silenciosas noches que caracterizan a esta comarca semirrural. ¡Cómo podía adaptarse un lirón norteuropeo al estilo de vida tropical! Sin embargo, las curiosas costumbres de estos lares me han permitido, a mi avanzada edad, cambiar radicalmente el estilo de vida, lo que no acaba de parecerme mal pues en el cambio se encuentra la adaptación al medio y la supervivencia, tal y como afirman los escritos del Maestro Darwin.

Mi mayor miedo era que la cercana presencia del espaciopuerto de Las Vueltas impidiera alcanzar el Reino de Sandman, dada su frecuente actividad. Pero debo de reconocer que dicha actividad resulta absolutamente inapreciada a lo largo del día, no sé si por los vientos reinantes o la dirección de despegue. Exceptuando uno de ellos, sólo uno: el atronador vuelo de las 0700 con destino a la mítica Majdrí, Capital Imperial. Además de proporcionar riqueza a esta provincia, nos despierta grácilmente permitiéndo efectuar nuestras labores desde temprana hora para mayor riqueza del Reino.

Sin embargo, en el caso de que uno lleve una vida ociosa y sin prisas, esta breve interrupción no interrumpe por completo el sueño y le permite continuar en sus brazos largas horas más. O más bien le permitiría, pues la Diosa Fortuna, con la que conservo una más bien desafortunada relación, situó al otro lado del camino en el que habito el principal centro de enseñanza de Carp-Athos, donde atribulados profesores se esfuerzan en desasnar a los cada vez menos interesados alumnos.

Sus padres, los de los alumnos, conociendo cuan importante es la educación de sus retoños, los dejan a temprana hora en el centro. Además, como bien sabido es, mens sana in corpore sano, por lo que estos simpáticos retoños se entregan a la práctica de su deporte favorito, el football que le llaman, desde las 0730 horas en la que empiezan a ser dejados en su simpática escuela. ¡Lástima que no les hayan inculcado el valor del silencio a esas horribles bestezuelas!

Afortunadamente el griterío generalizado cesa a las 0830 horas, momento en el que a diario la Comarca de Carp-Athos se ve atacada por alguno de sus múltiples enemigos, pues una sirena de horrible, estridente, agudo y abrumador sonido atrona los caminos cercanos al colegio, procedente del mismo, sirena que al menos tiene la virtud de introducir a gran velocidad a esas pequeñas alimañas en el refugio de la escuela.

Curiosamente no he observado hasta el momento ningún ataque real, a pesar de que la horrible sirena no deja de avisar a los vecinos puntualmente cada hora hasta las 1830. Supongo que nuestra esforzada fuerza aérea logra contener a los malvados esperantxeros o aguagarcieños en nuestras fronteras.

Sin embargo, la sirena de las 0830 marca el fin del simpático ruido infantil y permite continuar durmiendo, en tramos de una hora, eso sí. De todos modos, mi fiel y esforzado felino, pensando siempre en mi salud y mi bien, decide habitualmente que las 0900 ó alrededores es una buena hora para levantarme, aplicando el a quien madruga Doraemon le ayuda, así que se pone a ello bien con simpáticos mordisqueos en los dedos de los pies, con alegres saltos desde alturas de 1,80 metros hasta el pecho o juguetonas carreras a mi alrededor. Con todo éxito, todo sea dicho. Por lo menos tengo alguien que piensa en mí y evita que padezca el dañino despertar horario.

¡Ay, Carpathia, Carpathia! Cuan tranquilo, por el contrario, es el despertar del fin de semana. Nuestros agresivos vecinos evitan el ataque y la sirena no suena, los malditos niños se encuentran en brazos de sus sufridos padres (que bien podrían haber usado anticonceptivos, que no se me vengan a quejar a estas alturas) y como mucho escuchas a lo lejos el canto del gallo. Y una radial o una motosierra, porque una de las características de esta Comarca es que a temprana hora del sábado y del domingo escucharás siempre, siempre, siempre, una motosierra o una sierra radial. ¡Admirable cuan trabajadoras son las gentes de este lar! Y de agradecer que la estricta legislación al respecto de la tenencia de armas del país me impida hacerme con un buen fusil de precisión con mira telescópica pues a estas alturas disfrutaría de la hospitalidad de otras instituciones del Estado.

Y la noche, la noche... La noche es otra historia. Sol nos ha abandonado por completo, mis cansados ojos me impiden seguir escribiendo a la luz de estas velas, así que abandono este pergamino y me dirijo al ansiado sueño. Las 2000, con suerte la taberna de abajo cierra sus puertas y sus gritos en 4 horas. El del coche con la música (dame más gasolina...) a todo volumen no tocará la bocina hasta las 0100 para indicar a su amante que baje. Hasta las 0200 los dos de siempre no se pondrán a voz en grito a comentar su agradable jornada laboral. Y a las 0300....

Nunca pensé que echaría tan de menos el murmullo continuo de las horas nocturnas. El silencio de la mañana sí, sí lo sabía.

¡Ay, Carpathia, Carpathia, qué suerte vivir aquí! Y dormir, cuando se puede....

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5 comentarios:

Deprofundis dijo...

El avión de las 7 y pico es mi despertador cuando me dejo dormir algún viernes post juergues!!
Creo que ese se oye desde toda la laguna

vespinoza dijo...

Joder, pues yo ni me entero del paso del aeroplano....

vespinoza dijo...

Lo que si he oido alguna que otra noche es el paso del girocóptero en el que su alteza imperial Paulinus IV se desplaza a las otras islas estado

ricardo dijo...

Lo de la radial es un entrañanble ruido que también se da por mi zona (parrilandia)

exseminarista ye-ye dijo...

- Vespi: pues fíjate que el girocóptero no lo he escuchado nunca. Y lo del avión es de delito, hasta vibran las paredes,y eso que no exagero...

- Ricardo: igual es que se mueve mucho, je.