16 de septiembre de 2010

Crónicas de Carp-Athos

Aún recuerdo la Ciudad, no hace tanto tiempo que felizmente vivía en ella, rodeado de cultura, tabernas y bellas y complacientes mozas. Aunque criado en Stac-Tfe, la capital administrativa del Reino, su calor, humedad y la atmósfera pestilente que le daban las factorías alquimistas que la cercaban me llevaron a emigrar en cuanto pude mantenerme a mí y a mis múltiples vicios a la bella LaLag, capital cultural, etílica y religiosa del Imperio.

¿¡Qué podría relatar de LaLag que no haya sido contado en multitud de cantares por cientos de juglares mejores que yo!? A pesar de la generalizada corrupción de nuestros gobernantes, su fresco y cambiante clima, típicamente primaveral, la simpatía de sus gentes, la comodidad de sus calles hacen de ella uno de los mejores lares del mundo en los que vivir.

Tan sólo dos veces había abandonado anteriormente LaLag y ambas fueron en tiempos claramente infaustos. Lo signos indicaban que el fin del milenio traería grandes desastres y desgracias; efectivamente, en busca de la cultura y la erudición me vi obligado a cruzar la Mar Océana en dirección a las Américas. Tras esta penosa travesía aún me esperaba otra más penosa y laboriosa aún, pues tuve que atravesar la parte Norte de dicho continente, en tierra de religión herética, hasta alcanzar la llamada Mar Pacífica, la gran ciudad de SanDi, ciudad bajo la protección de un santo que en esta LaLag es de la más profunda devoción de todos los estudiantes.

De esta época aciaga ya he contado algo en otras historias y éste no es su sitio. Ya volveré a ellla.

La segunda vez fue la primera que sufrí el destierro a la Comarca de Carp-Athos. Época convulsa, triste y temporalmente limitada; tres o cuatro meses en los que, por motivos que no vienen a cuento relatar, viví en dicha Comarca y en la misma Villa en la que actualmente resido, época de renovación y de remordimientos, otro momento a recordar, pero sólo por la lección aprendida.

Varios años después he vuelto a cruzar la línea divisora entre la insigne Ciudad de LaLag y la infame Comarca de Carp-Athos. Apenas separadas por varios cientos de pies en distancia física y millones de leguas en costumbres y tradiciones, vuelvo a la Villa de Hct que tantos recuerdos me trae, tristes por mi anterior estancia, alegres por las multitud de veces que mi amable anfitrión nos acogió en largas veladas de vinos y poesía, en las que esta Villa alumbraba la Comarca con su erudición antes de que emigrara reclamado por sus deberes a tierras extrañas. Entre sus cuatro paredes, forradas por miles de volúmenes de grata lectura, con la sola compañía de mi fiel y desobediente felino, en días y noches fríos y ventosos habito.

Hoy, desterrado, pobre, con la nieve blanqueando mis cabellos, me propongo relatar las historias de esta Comarca para aleccionamiento y entretenimiento del lector, sus curiosas costumbres y las cosas que me acontecen por sus frías calles.

Continuará (o no, o yo qué sé).
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6 comentarios:

vespinoza dijo...

Ah! Carp-Athos región en la un hombre sólo puede confiar en su propia espada para conseguirse sustento. Ciudad plagada de emigrantes de más allá del océano de la otrora rica y próspera Veneth-suelath. Regíon que al igual que Númenor se encuentra hoy caída en desgracia tras desafiar a los dioses

Kely O dijo...

Pobre, desterrado a esa comarca donde habitan unas criaturas de terribles costumbres y repetitivas charlas: las FAMILIAAAASS, sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta.

ricardo dijo...

Los Carp Athos son, sin duda, esqueleto de barrio que hiere en los huesos de aquel cuyo destierro le arrancó de la metrópoli. Pero no tenga usted duda de que, en algún momento de fecha incierta, vendrá un navío de bandera gala para llevarlo a otro lugar más culto, más civilizado quizás. Será entonces cuando escriba versos como los siguientes:

"Yo sé lo que es el porvenir: la espera/
tupida de ansias, devorar las horas/
sin paladearlas, confundir auroras/
con ocasos, sentir la senda huera"

Y por ese entonces, yo me seguiré preguntando sobre los arcanos de la vida, sobre lo relativas que son las antítesis, sobre el bien y sobre el mar.

exseminarista ye-ye dijo...

- Vespi: a la espada, al corcel que me lleva y al hecho de que fumar krüger hace que me confunda con los nativos. Eso y mi lugar de nacimiento accidental.

- Kely: precisamente sobre eso versará una de las primeras entradas que haga. Si las hago, que ésa es otra :-P

- Ricardo: ¡poeta! Yo esas cosas hace tiempo que dejé de preguntármelas. Ahora me limito a lo típico "¿me enciendo un cigarrito o me abro una cerveza? ¿O, por qué no, ambas cosas a la vez?" y cosas así, sencillo (o simple) que es uno :-)

vespinoza dijo...

Entonces es usted uno de los temibles Veneth-solanos negros, de los pocos que escaparon a la caída de Númenor, digo...... Veneth-suelath.

exseminarista ye-ye dijo...

Nain, fuimos avisados por los Dioses de que Veneth-suelath iba a caer para que preparáramos la huida con los demás justos y tal...