6 de agosto de 2010

Me pasó hace unos años: atravesando fronteras

Siempre que me voy de viaje (a territorio español, eso sí) y si en ese momento estoy surtido no dejo de llevarme algo de fumar y no hablo del tabaco precisamente. Me basta con poner la piedra correspondiente en el bolsillo y olvidarme de que la tengo; en eso de olvidarme de las cosas soy muy bueno, te lo digo de verdad, así que se pasan los controles sin problemas. Además, por una piedra para una semana no pasa nada, vamos hombre. Lo malo es cuando uno se olvida de verdad y esto te puede acarrear graves consecuencias.

Sicilia, 1920. Bueno, tampoco tanto, corría el año del fin del milenio, año 2000, mi 30 cumpleaños, y en aquel entonces estaba desterrado por motivos laborales en una ciudad de la costa oeste estadounidense, llamémosla Ciudad-de-la-costa-oeste. Más de un año de destierro que me sirvieron para aprender cositas de trabajo, deprimirme y poco más. Porque, la verdad sea dicha, el inglés tampoco lo perfeccioné mucho (en Ciudad-de-la-costa-oeste el 70% de la población era hispana, mi jefe era de una ciudad andaluza que está al lado de un río y hace un calor de cohones, el jefe superior era chileno y mi room-mate venezolano), viajar no pude viajar casi nada (cobraba en pesetas, cosas de las becas de doctorado, justo en el momento en el que el dólar tuvo la cotización más alta de la historia frente a aquéllas; creo que dejé de pagar lo que debía a raíz de ese viaje allá por el 2008) y visitas recibí tan sólo una (menos mal que fue una buena amiga :-). Eso sí, tuve muchas pero muchas experiencias curiosas, que tarde o temprano iré contando por aquí, o no, o yo qué sé.

Pues bien, aunque no tenía previsto ningún viaje ese verano por la falta de perras me pareció muy triste pasar los 30 años en Ciudad-de-la-costa-oeste, así que me puse a mirar billetes. Encontré lo que en aquel momento era un chollo: creo que unas 100.000 pelas en viaje directo de Ciudad-de-la-costa-oeste a Londres, ida y vuelta, con British. De Londres a Tenerife no encontré nada, pero habiendo chárters a punta pala no me preocupé, ¡ya me buscaría la vida al llegar a Londres! Así que sin decírselo a nadie, pensaba presentarme primero en casa y luego en los bares por sorpresa, me lo compré.

Y tanto que me tuve que buscar la vida; el viaje bueno, la verdad. 15 horas de vuelo pero muy muy cómodo, asientos anchos de cuero, con amplios espacios por delante, un lujo comparado con los cutreaviones con que había saltado el charco antes, Iberia, American, aunque otra vez que viajé con Swiss Air la experiencia sí que fue inmejorable en calidad (aunque el viaje se hiciera eterno, creo recordar que fue Tenerife-Madrid-Zurich-Chicago-Phoenix-Ciudad-de-la-costa-oeste y la vuelta igual). Pero como decía sí que me tuve que buscar la vida: tras mucho buscar, preguntar, ir de agencia en agencia y de compañía en compañía el único que salía para Canarias era en media hora hacia Lanzarote (me daba igual, la verdad, que para eso tengo amigos en todas partes), pero desde Heathrow y yo estaba en Gatwick (o al revés).

Nada, al final tuve que viajar con Iberia vía Madrid (me costó lo mismo que llegar a Londres desde la Ciudad-de-la-costa-oeste) y aunque en principio llegaba ese mismo día a Tenerife, el vuelo salió con retraso (cosa rara dada la extrema puntualidad de Iberia en aquellos tiempos)(comentario irónico) y tuve que hacer noche en los madriles; bueno, menos mal que pagó la compañía y me alojaron en un hotel de 5 estrellas, algo es algo.

La estancia aquí pues muy divertida, la verdad. Caras de sorpresa, muchas fiestas, rollitos nuevos y recuperación de algunos antiguos y, para rematarlo, el día antes de volver a los estates gran paellada con los amigos, muchas muchas cervezas, muchos muchos rones y mucha mucha fiesta (y algún rollito nuevo, je). Con las pilas cargadas y sin tiempo para tener resaca (aún estaba colocado), viajar a Madrid, donde tenía que hacer noche, salir de fiesta hasta el amanecer con D., que en aquel entonces vivía allí, y coger el vuelo a Londres con doble amanecida. No te lo recomiendo, la verdad, no hagas vuelos trasatlánticos sin haber dormido, son mucho más incómodos y la falta de tabaco se hace notar mucho; menos mal que la cerveza aún era gratis (el año anterior habían prohibido fumar, hh. de p.). Ir de Gatwick a Heathrow (o viceversa) y embarcar hacia Ciudad-de-la-costa-oeste fue todo en un relámpago; bueno, más bien una neblina.

Y a lo que iba: al aterrizar en los estates, en Ciudad-de-la-costa-oeste; el mono de nicotina hace que las colas sean la cosa más desagradable que te puedas echar a la cara. Pero bueno, había que pasarla, así que a hacerla. En el mientras tanto, pues lo típico, van pasando entre los pasajeros con el típico perro adiestrado y tal, motivo por el que nunca me llevé nada a ese país que yo rodearía con un muro e impediría salir a sus habitantes (como en una de las novelas de las 3 Californias, de no me acuerdo ahora que autor, ¿Frank Herbert?). Se pasa el control y antes de ir a recoger la maleta cabalgo hacia el cuartucho de fumadores, busco el paquete de Kruger en la chaqueta, noto algo extraño y me quedo blanco, pero blanco de verdad.

Llevaba la misma chaqueta que usé durante la paellada y los días anteriores, la misma chaqueta en la que había metido la bolsa de maría que me habían regalado nada más llegar a Tenerife, bolsa inmensa de la que estuve toda la semana metiendo las manos y sacando a puñados para ir haciendo petas (o que los fueran haciendo) por lo que todo el bolsillo se había quedado lleno de marihuana. ¡El perro había pasado a mi lado, joer! Ya me veía en una cárcel yanki, esperando la deportación o algo peor, mientras practicaban el medievo conmigo, creo que pocas veces he estado tan acojonado.

Obviamente al final no pasó nada y tuve maría para hacerme unos cuantos porros en Ciudad-de-la-costa-oeste, pero desde entonces siempre reviso los bolsillos, todos los bolsillos, antes de irme de viaje. Aunque luego sea para meter una piedra de buen jash, pero si me he olvidado adrede no pasa nada.

Y aquí comienza la nueva sección, Me pasó hace unos años, que como todas las demás acabará muriendo por despiste. Feliz fin de semana y tengan cuidado ahí fuera, o no, o yo qué sé. Y a ser malos.
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