26 de marzo de 2010

Cartas desde el siglo II (XXII)

Decíamos hace la friolera de dos semanas: que por la gente que invitas parece que has montado un after en vez de una religión.

Hoy, pues que eso, que no aceptaría entrar en un club que me rechazara por ser demasiado listo, hasta ahí podríamos llegar.

39. Escuchad a sus doctores: «Los sabios, di­cen, repudian nuestras enseñanzas, ensorbecidos e impedidos como están por su propia sabiduría.» ¿Qué hombre en sano juicio puede dejarse captar por doctrina tan ridícula? Basta contemplar la multitud que la abraza para despreciarla. Los maestros de los cristianos ni buscan ni encuentran discípulos, sino entre hombres sin inteligencia y de espíritu obtuso. En esto, se asemejan bastante a los sabios empíricos que prometen restituir la salud a un enfermo, a condición de no llamar a los verdaderos médicos por miedo a que éstos reve­len su ignorancia. Se esfuerzan por desacreditar a la ciencia: «Se dejan agitar, dicen; sólo yo los sal­varé; los médicos vulgares matan a los que se va­naglorian de curar». ¿No se diría que están ebrios, quienes, entre sí, acusan a las personas sobrias de estar ebrias, o miopes a quienes quisie­ran persuadir a otros miopes que quienes ven en realidad no ven nada?

40. Fácil sería alargarnos en este punto. Pero por ahora pongámonos un límite. Baste decir que ellos se yerguen contra Dios y lo injurian, cuando, para conquistar a los malos, los engañan con locas esperanzas, predicando a los hombres el desprecio por unos bienes que valen más que todas sus promesas, y exhortándolos a abandonar aquellos bienes para ser felices.
Y lo próximo el Libro 4, con un título molón: Objeciones contra la Encarnación, el antropomorfismo y la pretensión de los judíos de ser ellos el pueblo elegido. Ahí queda eso.
Share/Save/Bookmark

No hay comentarios: