26 de febrero de 2010

Cartas desde el siglo II (XVIII)

Decíamos el lunes: acabábamos con el libro primero, en el que un judío les echaba la bronca a los cristianos.

A partir de hoy un nuevo libro, el, tachán tachán...:
LIBRO SEGUNDO

Crítica de Apologética de los Judíos y los Cristianos

3. Orígenes, clientela y método de proselitismo de los Cristianos

33. Nada hay en el mundo tan ridículo como la disputa entre los Cristianos y los Judíos en torno a Jesús, y su controversia recuerda oportu­namente el proverbio: «querellarse a causa de la sombra de un burro». Nada tiene fundamento en este debate, donde las dos partes concuerdan en unos profetas inspirados por un espíritu divino y en que dichos profetas predijeron la venida de un Salvador del género humano; pero no se ponen de acuerdo en si dicho personaje anunciado vino efectivamente o no. Así como los Judíos son Egipcios de origen, que dejaron su país a conti­nuación de una insurrección contra el estado egipcio y por el desprecio que habían concebido de la religión nacional, el mismo tratamiento que habían infligido a los egipcios, lo sufrieron des­pués de aquéllos que siguieron a Jesús y tuvieron fe en él como en el Cristo. En uno y otro caso, la razón del cisma fue el espíritu de sedición contra el Estado. Eso hizo que unos egipcios se separasen de la madre patria para tornarse Judíos, y que en el tiempo de Jesús otros judíos se separasen de la comunidad judaica para comenzar a seguir a Jesús. Ese espíritu de facción es tal aún hoy entre los Cristianos, que, si todos los hombres quisieran tornarse Cristianos, éstos no lo tolerarían. Origi­nariamente, cuando no pasaban de un pequeño número, estaban todos animados por los mismos sentimientos; después que se tornaron multitud, dividiéronse en sectas y cada una de ellas pre­tende formar un grupo aparte, como ellos hicie­ron primitivamente. Se aíslan de nuevo de la gran mayoría, se anatematizan los unos a los otros, te­niendo sólo en común, propiamente, el nombre de cristianos, por el que todos luchan. Ésta es la única cosa que tendrían vergüenza en abandonar; porque en lo demás unos profesan unas cosas y otros otras.

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