1 de febrero de 2010

Cartas desde el siglo II (IX)

Decíamos ayer: yo he visto diosas impresionantes, con ese cuerpo tuyo muy dios no me pareces...

A partir de ahora, Celso interpreta a un judío explicando por qué no puede creer en Cristo.
2. Celso imagina que un Judío se dirige a los Cristianos: razones que impiden reconocer en Jesús al Hijo de Dios.

15. ¿De dónde procede, oh compatriotas, que hayáis apostatado de la ley de nuestros padres, y que habiéndoos dejado ridículamente explotar por ese impostor, nos hayáis dejado para adoptar otra ley y otro género de vida? Tres días apenas habían pasado desde que castigamos a aquél que os conducía como un rebaño: ¡ese breve tiempo bastó para que abandonaseis la ley de vuestros antepasados! Y es nuestra religión la que sirve de fundamento a vuestras creencias: ¿cómo podéis rechazarlas ahora? Si, en efecto, alguien predijo que el hijo de Dios debía nacer en el mundo, ése es uno de los nuestros, un profeta inspirado por nuestro Dios, Juan, que bautizó a vuestro Jesús, y Jesús mismo, nacido entre nosotros, era también de los nuestros, vivía según nuestra ley y practi­caba nuestros ritos. Él sufrió entre nosotros la justa retribución de sus crímenes. Lo que os in­culcó con jactancia sobre la resurrección, el juicio final, la recompensas reservadas a los malos, no pasan de ser hermosas fruslerías que corren por nuestros libros y que todos consideramos desde hace mucho tiempo ya caducas. Buen número de otros habrían podido aparecer tales como vuestro Jesús, si se hubiesen prestado a ser burlados.
¡Apóstatas! Amén de crédulos y anticuados.
Share/Save/Bookmark

No hay comentarios: