16 de abril de 2009

El por qué de la policía canaria

Procedo a anarrosearles la entrada ¿Para qué quieren una policía propia? del blog Exceptio Veritatis (Siempre fue verdad), escrito por Carlos Sosa, director del periódico online Canarias Ahora, martillo de nazionalistas y peperos y cuya lectura me parece siempre muy interesante, sobre todo si te quieres enterar de los chanchullos y los por qués de las actuaciones de los que nos gobiernan. Hala, les dejo con la entrada:

La viceconsejera de Justicia, la juez en excedencia Carolina Déniz, acaba de decir que el Gobierno de Canarias va a apostar por la policía autonómica para ”reducir los índices de delincuencia”. Independientemente de la irresponsabilidad que supone que desde las más altas instancias políticas de una comunidad autónoma que vive del turismo se propague un dato tan alarmante, suena a tomadura de pelo que eso se diga desde la misma consejería que acaba de decirle al Ministerio de Justicia que reduzca a la mitad los juzgados que tenía previsto crear en 2009 en las Islas. Porque la juez Déniz sabe que la delincuencia se combate con buenos medios policiales y eficacia en la Administración de Justicia.

La Policía Canaria va a ser creada con el objetivo inicial de custodiar edificios públicos, una labor desde la que contribuirá enormemente a rebajar los índices de delincuencia en el Archipiélago. Su despliegue, que se iniciará con un centenar de agentes, conducirá seguramente a la sustitución en esas funciones a las empresas de seguridad que tiene contratadas este Gobierno. Luego, no servirá para destinar a la lucha contra la delincuencia a agentes que estén ahora mismo ociosos en garitas y puestos de vigilancia oficiales.

Paradójicamente, los anuncios de lucha feroz contra la delincuencia que emite el Gobierno autónomo coinciden con datos que reflejan un paulatino descenso en la tasa de criminalidad en las Islas: de 53,5 delitos y faltas por 1.000 habitantes cometidos durante 2004, hemos pasado a 47,4 en 2008, incluyendo en esta última cifra los delitos relacionados con la seguridad vial, incorporados recientemente. La media española está en 47,6, y la europea, en más de 70.

Además, las plantillas de la Guardia Civil y la Policía Nacional se han incrementado en Canarias en más del 29% desde 2003, y están formadas ahora por 6.656 agentes, según datos oficiales del Ministerio del Interior.

Entonces, ¿qué mueve en realidad al Gobierno nacionalista a ansiar del modo que lo hace una policía propia?

A menudo hemos escuchado al consejero José Miguel Ruano y a otros miembros del Gobierno quejarse amargamente por la falta de flujos de comunicación entre la Delegación del Gobierno de España y el Ejecutivo autonómico. Se refieren, naturalmente, a informaciones relativas a operaciones policiales.

Esas quejas han quedado eclipsadas por la campaña de descrédito que ha emprendido el PP contra los mandos del Cuerpo Nacional de Policía, campaña que ha contado con el silencio cómplice, cuando no el apoyo entusiasta, de dirigentes de Coalición Canaria. Hasta Paulino Rivero ha vertido insinuaciones sobre el comportamiento de la jefa superior de Policía. Ni unos ni otros, por supuesto, han aportado una sola prueba de sus sospechas.

Sumen a esa cadena de disparates la creación de una comisión parlamentaria de investigación sobre la desaparición de los menores Yeremi Vargas y Sara Morales, una iniciativa con la que sólo se pretende acrecentar la alarma y la sensación de inseguridad para justificar la creación de ese cuerpo policial autonómico.

Una policía propia permitiría al Gobierno nacionalista y popular de Canarias meter las narices en los asuntos que pudieran ser sensibles para la integridad penal de los dirigentes políticos del Archipiélago, acceder a informaciones sobre investigaciones concretas, y, sobre todo, tener autoridad y capacidad humana y técnica para investigar a quien se desee.

Si ya es peligrosa y nociva la intervención que la consejería de Ruano tiene en la Administración de Justicia, renunciando a juzgados, promoviendo otros, concediendo o quitando medios a los que conviene en cada momento, es fácil imaginar cómo administrarían a su antojo un cuerpo policial propio.


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