12 de marzo de 2009

Legalizar las drogas: la solución menos mala

Me ha parecido bastante interesante la entrada del mismo título que acabo de leer en Boing Boing, así que no sólo se las anarroseo sino que además, atención atención, ¡se las traduzco! Gracias, gracias, no son necesarios tantos aplausos, uno es así, de natural buena gente :-p
La administración Obama ha nombrado al último de los "zares de la droga" de América --la persona que encabeza la Guerra contra (Algunas de) las Drogas, una campaña futil, cara y sumamente hipócrita que ha causado muchos más daños, en América y alrededor del globo, que los problemas que intenta arreglar. Nadie niega que el mal uso de las drogas y la adicción son a menudo horribles para los individuos y sus familias; sin embargo, lo que casi nadie quiere preguntar es si la legalización (o al menos la descriminalización) tendría efectos acumulativamente menos malos. Quizás los Guerreros contra (algunas) drogas --de los que casi todos, sin duda, son usuarios de otras drogas-- saben que el peso de las pruebas no apoya a su bando.
Los periodistas, que se supone examinan críticamente la ortodoxia, han sido especialmente cobardes. No se acercarán al tema excepto por los bordes, notablemente cuando los votantes estado tras estado aprueban "marihuana médica" en la clara comprensión de que las fuerzas prohibicionistas son cruelmente indiferentes a algunos tipos de sufrimientos humano, que a menudo pueden ser aliviados con una pipa de agua bien llena.
Una organización periodística tradicional ha estado preguntando consistentemente las cuestiones correctas, durante varias décadas. Y el número actual del Economist trata de nuevo, con seguridad y de forma lógica en este editorial, donde sus iguales no empezarán a aventurarse. Empieza:

Hace cien años un grupo de diplomáticos extranjeros se reunió en Shanghai para el primer esfuerzo internacional por prohibir el comercio de una droga. El 26 de febrero de 1909 se pusieron de acuerdo en constituir la Comisión Internacional del Opio -sólo unas pocas décadas después de que Gran Bretaña hubiera luchado una guerra con china para asegurar su derecho a traficar con el material. Han seguido muchas otras prohibiciones de drogas que afectan el estado de ánimo. En 1998 la Asamblea General de la ONU comprometió a los países miembros a conseguir un "mundo libre de drogas" y "eliminar o reducir significativamente" la producción de opio, cocaína y cannabis para 2008.
Ese es el tipo de promesa que los políticos aman hacer. Calma el sentido de pánico moral que ha estado al servicio de la prohibición durante un siglo. Está diseñada para tranquilizar a los padres de adolescentes de todo el mundo. También es una promesa inmensamente irresponsable, porque no puede cumplirse.
La semana que viene ministros de todo el mundo se reunirán en Viena para fijar la política internacional de drogas de la próxima década. Como generales de la primera guerra mundial, muchos clamarán que todo lo que se necesita es más de lo mismo. De hecho, la guerra contra las drogas ha sido un desastre, creando estados fallidos en el mundo en desarrollo al tiempo que la adicción ha florecido en el mundo rico. Por cualquier medición sensata, esta lucha de 100 años ha sido intolerante, asesina y sin sentido. Eso es el por qué The Economist continúa creyendo que la política menos mala es legalizar las drogas.

Share/Save/Bookmark

No hay comentarios: