13 de septiembre de 2008

¡La iglesia se moderniza!

Es lo primero que pensé al leer que detuvieron a un cura católico por vender cocaína en la rectoría de un campus universitario de los ¡Eh Eh, Uh Uh!; y si ésta es la estrategia para atraer a la juventud a las iglesias, no puedo hacer más sino aplaudirla, apoyarla y pedirles que la instauren en las iglesias católicas de todo el mundo o, por lo menos, de Españacoño.
Porque supongo que con los contactos que tienen en Colombia y Bolivia, que entre misioneros prorrevolucionarios y obispos reaccionarios se han encargado de cubrir a toda la población, obtendrían un muy buen precio de partida y el transporte siempre se le podría encomendar a simpáticas monjitas (a ver cuál es el policía que las registra); eso sin contar con que, al tener el apoyo de la iglesia católica, lo que ahora es tráfico ilegal se convertiría en algo loable, ¿no?
Pero aún voy más allá; si lo que pretenden es no sólo que la juventud (y los no tan jóvenes) se acerque a la iglesia, aunque sea para pillar, sino además que participen en la liturgia, pues les sugiero unos pequeños cambios:
  1. El vino, pues mira, yo lo dejaría tal cuál, aunque tampoco descartaría, en atención a los más jóvenes, que también se consagrara kalimotxo. En ambos casos, aumentar la cantidad, mínimo el par de litros por feligrés (y si hay que consagrar combinados variados, pues se hace).
  2. Las hostias, pues la verdad, que no les veo utilidad; es de rigor sustituirlas a la voz de ya por pirulas o tripis.
  3. Los confesionarios los habilitaría como picaderos (de picarse, no de los otros) o rayaderos de uso individual, que no es cuestión de ponerse a hacerlo delante de todo el mundo, que una cosa es la libertad y otra el libertinaje.
  4. Incienso, incienso, cuan sobrevalorado está. Jash o maría, que son igual de aromáticos pero más satisfactorios.
Otros detalles, como la música, la potencia de las luces, la hora de las celebraciones, etc..., habría que irlos puliendo. Pero le aseguro desde ya a la Conferencia Episcopal que con estos pequeños cambios van a asegurarse iglesias y catedrales llenas, así como una verdadera avalancha de nuevas vocaciones (habría que retocar también lo del celibato, claro), incluyendo a ateos, agnósticos y apóstatas como éste que les escribe. Amén de que volverán a prodigarse las tan escasas apariciones marianas, angelicales o espirituales, de las que apenas hemos oído nada en el último siglo.
Por desgracia, me temo que será pedir mucho, ¿no? Creo que trabajo demasiado, me da que estoy empezando a desvariar; voy a tomarme una cervecita, agur.
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