2 de marzo de 2008

Las preocupaciones de la gente bien

La última columna del Wyoming en Público, que paso a pegar:
Cuando la estupidez es un derecho.

En un reportaje del programa donde trabajo, gran programa, preguntaban a la salida de una iglesia del barrio de Salamanca de Madrid (un barrio de clase alta) por el tema de los inmigrantes. Aunque cueste creerlo, los feligreses se quejaban de que se les concedían menos derechos y prestaciones que a los inmigrantes recién llegados. Comprendo su indignación. Es de todo punto injusto que un inmigrante, recién llegado, acceda a bienes de consumo, asistencia sanitaria, vivienda, educación, trabajo, etc., que a ellos se les niega. Sin embargo, tenían mejor aspecto que “los recién llegados” que he visto en las imágenes de los informativos, donde aparecen ateridos de frío, envueltos en mantas y, a veces, en camillas, o apoyados en guardias civiles y miembros de la cruz roja porque apenas pueden caminar. Muchos mueren. Hablo de lo que se llama inmigración ilegal. Supongo que los señores del barrio de Salamanca no hacían alusión a esta realidad, probablemente, se referían a los trabajadores “legales” de otros países. Durante estos años se les ha estado vendiendo como una amenaza, porque rebajan los salarios al estar dispuestos, según sus detractores, a trabajar por menos dinero que un español, lo cual les situaría en el escalafón más bajo del mundo laboral y, por tanto, difícilmente harían peligrar el puesto de trabajo de estos señores del barrio de Salamanca, dedicados a actividades empresariales y financieras de otro orden. Entonces, ¿por qué se sienten amenazados? ¿Es una consigna? Yo desde aquí quiero enviarles un mensaje de tranquilidad y esperanza: Los pobres nunca han sido un peligro sino, más bien, una fuente de riqueza. Así de cruel, pero así de sencillo. Relájeles, señor Rajoy, dígaselo, vienen a hacerles aún más ricos.

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