3 de enero de 2008

Defendiendo la democracia, como siempre

Es el último post del Gran Wyoming en Público. Ya era hora de que actualizara, que no lo hacía desde antes de navidades. Como son casi igual de vagos que yo, sé que no se molestarían en darle al enlace y beber de las fuentes originales, así que copio y pego (no se quejen, es la primera vez que lo hago este año):
Quiero mostrar mi apoyo incondicional, antes no tuve ocasión, a la concentración celebrada en el Paseo de la Castellana de Madrid, hace unos días, en defensa de la familia y los derechos humanos. El acto de protesta lo convocó la cúpula de la jerarquía eclesiástica ante el perverso acoso que padecen las familias de bien y que, según afirmó el obispo de Valencia, “puede acabar disolviendo la democracia” (el que avisa no es traidor). Los obispos se echan a la calle para defender una democracia por la que han luchado con denuedo a lo largo de la triste historia autoritaria de nuestro desgraciado país. Enemigos del quinto mandamiento, que prohíbe matar, lucharon contra Franco, el dictador que, puesto a dictar, dictaba penas de muerte como dios (es un decir), y le cubrían con un palio para que los rayos del sol no incidieran en su piel y muriera por falta de vitamina E. En su peligrosa tarea de traer la democracia a España, le hacían el saludo fascista para que se confiara y creyera que estaban de su lado. En esa labor clandestina de camuflaje, se veían obligados a disfrutar de los privilegios que les concedía el dictador, y a callar cuando su policía perseguía a los practicantes de otras religiones. Debió de ser duro. ¡Cómo le engañaron! Siempre les creyó a su servicio mientras tejían en la oscuridad los mimbres que trajeron la libertad a los españoles. Por eso, no es de extrañar que se indignen cuando ven peligrar nuestra democracia. Una pena que sólo acudieran 180.000 personas en lugar del millón y medio que dijeron al Papa que había allí. Pero bueno, las mentirijillas son pecados veniales. También mintieron durante los 30 años de dictadura por una buena causa. Entonces, como ahora, en defensa de la libertad.
Genial, como siempre.
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